¡¡Clic!!

“Clic… ¡¡¡Plofffchassshhh!!!”… Y los 50 kg de lastre comienzan a tirar frenéticamente de la línea de fondeo, en el cual va instalado el instrumental científico. Las boyas que van colocadas en el extremo opuesto al del lastre darán al conjunto suficiente flotabilidad como para llevarlo a superficie en cuanto el liberador acústico lo separe del lastre.

La actividad en cubierta, el ruido del chapoteo al activar el gancho disparador del que pendía el lastre, han acabado de espabilarme, de sacarme del letargo insoportable que la inactividad produce, supongo que en todo el mundo, aseguro que a mí mucho. Las pruebas que hemos ido realizando conseguían que abriese los ojos, si no por la actividad técnica que se estaba realizando –configuración de los programas de la sonda multihaz-, sí al menos por la presencia a bordo de gente querida, con la que compartimos una extraña campaña en aguas de Túnez, el año pasado, con sus risas y todo.

La campaña del proyecto MIFASOL, de Celia Marrasé, del CMIMA, también me reactivó algo, pero duró apenas tres días hasta que el mal tiempo impidió llevarla a término. Además, me fue imposible poder mantener una charla con Celia sobre los pormenores del proyecto: no conseguí verla inactiva ni un solo momento salvo cuando estaba en el comedor recuperando fuerzas, momento poco adecuado para una batería de preguntas inquisitivas. El año que viene, cuando recuperemos el tiempo perdido por la meteo, habrá que intentarlo de nuevo.

Y hace pocos días, la prueba de una red mesopelágica ideada y construida por Arturo Castellón, de la UTM, me proporcionó la primera oportunidad de poner en práctica un proyecto al que le estaba dando vueltas desde hacía tiempo, pero que la falta de días de navegación me había impedido hacerlo: colocar una cámara GOPRO en una pértiga de suficiente longitud como para sumergirla desde cubierta, y grabar así maniobras con instrumental científico dentro del agua sin tener que sumergirse, además de cetáceos en la proa y aves zambulléndose junto al barco. Eso significaba volver a la ilusión, a los nervios de vigilar que no se queme el sofrito mientras estoy en cubierta grabando con la cámara. Con la boca pequeña reniego del estrés, pero en el fondo sé que funciono mucho mejor cuando trabajo con presión.

Pero, a pesar de estas cortas salidas, hemos estado demasiado tiempo parados, convertido lo que se veía por los portillos en marinas hiperrealistas: los obscenos megayates, el reloj del muelle de pescadores, la torre del funicular que atraviesa el puerto, la inmensa vela de acero y vidrio, particular coloso de Rodas en Barcelona… Día tras día, nada cambiaba en nuestro paisaje. Trabajo de mantenimiento en cubierta y máquinas; en el puente, trabajo administrativo tomado a pequeños sorbos; y en la fonda, cocina ultraexigente –quién es más exigente que la propia familia- y de antojo, de no saber quién comerá hoy, ni a qué hora, desperdigada la tripulación en el espacio y el tiempo como si fuera un fluido gaseoso que inunda todo el volumen disponible-…

… Y, de pronto, la noticia: trabajo para el GdC. Hay que navegar hasta Canarias para fondear una batería de OBS, un instrumental que, posado sobre el fondo marino, registra los movimientos sísmicos de la zona. Deberán estar fondeados tres meses, así que si son instalados a finales de Octubre, deberán recogerse a finales de Enero.

¡¡¡Clic!!!

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