LA HUELLA DE ARGON

Stenella coeruleoalba, transecto Palma-Barcelona

El delfín nos marcó el camino de regreso

Conociéndolos como he podido hacerlo durante las casi tres semanas que ha durado la estancia de ARGON a bordo del GdC, me atrevo a asegurar que los científicos del proyecto ya han comenzado a procesar los cientos de muestras y datos conseguidos. Y si no han comenzado, estarán ansiosos por hacerlo.

Por lo que respecta a la tripulación del GdC, no voy a decir que estamos ansiosos por comenzar una nueva campaña. Desembarcados para pasar tres semanas de vacaciones con nuestras familias, sabemos que pasaran asombrosamente pronto y que, si n darnos apenas cuenta, volveremos a estar metiendo provisiones a pertrechos para la campaña que vamos a realizar con el doctor Company, del CMIMA. Joan Baptista Company –Batis, familiarmente- ha realizado múltiples campañas a bordo del GdC, campañas que normalmente dejan buenos recuerdos, sobre todo en el paladar de los participantes, porque antes o después llega el momento del atracón de gambas –Aristeus antennatus, principalmente capturadas, por supuesto, en aras de un mayor conocimiento de la especie.

Sabemos que la campaña –de la cual desconocemos aún el nombre- muestreará más de cien puntos a lo largo de todo el Mediterráneo más occidental, desde más allá del Cap de Creus hasta casi Cartagena, en busca de la presencia de huevos de crustáceos decápodos, presumiblemente de la gamba antes mencionada. Como fácilmente se puede comprender, yo ya estoy buscando en todos los recetarios ideas para poder aprovechar semejante materia prima.

Sabemos que durará 42 días. Entrará, por lo tanto, en la categoría “más largas que un día sin pan” del catálogo de campañas realizadas en el GdC.  Y sabemos, tras solucionar un sencillo binomio, que eso significa navegar durante mitad de Julio y todo Agosto.

Sabemos que nuestras familias están hasta las narices de que se haya puesto de moda trabajar en periodos normativamente destinados a nuestras vacaciones, pero también sabemos que no está el horno para bollos,  que a la fuerza ahorcan, y que no hay que dejar para mañana lo que pueda hacerse hoy.

Obviamente, cuando supimos que había interés en que el GdC navegara en Agosto, nos arremangamos y sacamos a la luz nuestra ya memorable capacidad de negociación.

Primero lo intentamos con las gambas. Les propusimos que, de manera excepcional y sólo por este año, se dignarán comenzar la fresa a finales de Junio y acabaran con el proceso a finales de Junio. Pusimos sobre la mesa estadísticas sobre los parámetros oceanográficos, demostrándoles que tampoco había tanta diferencia entre la temperatura y salinidad del agua de mar de Julio y de Agosto, sobre todo a la profundidad donde les gustaba a nuestras bigotudas amigas realizar el íntimo acto. Quisimos quitarle hierro al asunto, prometiéndoles que sólo extraeríamos de su futura progenie unos cuantos ejemplares, diez o doce mil a los sumo…

Pero ellas, erre que erre, que si ya habían hecho planes, que si menudo follón ponerse de acuerdo todas –cualquier cambio sobre el tema debía ser aprobado por unanimidad, por lo visto-, que si se les iba a juntar la generación anterior con la de este año, y después pasaría más de un año hasta la siguiente. En fin, que no hubo manera.

Así que no quedó otro remedio que negociar con los responsables de la operatividad del barco. La verdad es que fue fácil: cogimos el argumentario de las gambas y lo hicimos nuestro. Pronto –o sea, varios meses después de que se oyera el primer cuchicheo sobre el tema-, pudimos firmar un acuerdo por el cual se compensaba nuestro esfuerzo extra.

Por lo tanto, anuncio solemnemente que quien quiera conocer los entresijos del estudio de la reproducción de la gamba, podrá hacerlo en estas páginas. Eso será a partir del día 21 de Julio.

Mientras, aquí dejo el enlace para poder visionar el álbum de fotos que realicé durante la campaña del proyecto ARGON.

FOTOS DURANTE ARGON, DESDE EL GdC

Recuerdos de una campaña emocionante. Recuerdos que me obligo a reflotar hacia la consciencia todos los días, más aún ahora, cuando parecen desvanecerse las ilusiones por el inicio de una nueva forma de entender el funcionamiento del mundo, al menos en esta zona del arrabal.

¡LLEGANDO A CASA!

image

En la cocina,  preparando el sofrito para unos fideos con sepia;  en la cubierta,  preparando las estachas para el atraque en nuestro trocito de Barcelona particular

RECIPROCIDAD JUSTIFICADA

Linda Daffne

Linda Daffne

Judía Tierna con Chistorra, Merluza Frita con Tomates Asados, Crema Fría de Legumbres, Carrileras Guisadas, con Cuscús.

Es corriente que los científicos, cuando se despiden antes de desembarcar tras una campaña oceanográfica, agradezcan a la tripulación las atenciones recibidas. Tendremos muchos defectos, no lo negamos, pero sabemos cuál es nuestro trabajo y qué importante es para que los científicos y técnicos que se embarcan puedan realizar adecuadamente su trabajo.

Uno de los defectos de los que posiblemente hagamos gala -por inconsciencia- es el hecho de que no nos acostumbremos a agradecer a los científicos el contar con el GdC a la hora de diseñar las campañas de sus proyectos. Es una cosa que deberíamos hacer siempre, pero hay ocasiones en los que no hacerlo deja de ser un defecto y se convierte en un pecado. Hay veces que servir de plataforma para la investigación científica se convierte en un privilegio, y un honor.

ARGON ha organizado a bordo del GdC un protocolo de actividad científica que muy pocos barcos habrán tenido la suerte de acoger. La primera vez que se hizo fue en el Hespérides, durante su viaje alrededor del mundo con el proyecto Malaspina. Se trata de hacer un estudio total de la producción primaria, el balance neto de oxígeno y la fijación del carbono. Para esa clase de estudios, algunos biogeoquímicos utilizan el método de las botellas Winkler -botellas opacas en las que el plancton sólo respira; botellas transparentes, donde el plancton respira y realiza la fotosíntesis-; otros utilizan el método del carbono catorce y el carbono trece, utilizando esos isótopos -añadidos artificialmente- para marcar las moléculas orgánicas creadas por la fotosíntesis; otros utilizan el conteo de moléculas de agua -marcadas con oxígeno 18- utilizadas por el proceso fotosintético, un método complejo y caro para conocer la producción primaria bruta. A bordo del Hespérides, Malaspina optimizó el método, simplificándolo y abaratándolo.

En un intento de minimizar el margen de error en las mediciones, ARGON utiliza -lo ha hecho a bordo- todos esos métodos a la vez. Es lo que he estado explicando en estas crónicas durante los días anteriores, después de asaetear a preguntas a Paloma, Arsenio, Daffne, Rubén y Yuri. Pero lo explicaba aisladamente. Antonio Delgado, el IP del proyecto junto con Carlos Duarte y Susana Agustí -¡qué recuerdos de Thresholds, una epopeya en el GdC!-, me ha facilitado una visión global. Cada una de esas personas realizaba un tipo de análisis. Juntándolos todos, ARGON consigue una aproximación a los valores reales de producción primaria como nunca antes se había conseguido.

Paralelamente, ARGON utiliza la medición del argón -cuya molécula, de comportamiento inerte, es de tamaño tan similar a la del oxígeno que es realmente difícil separarlas- para conocer qué porcentaje de oxígeno atmosférico hay disuelto en una muestra de agua marina. Conociendo el valor total de oxígeno disuelto y el valor del oxígeno atmosférico, podemos saber cuánto oxígeno ha sido liberado durante la fotosíntesis en esa muestra.

Conocer la importancia de la producción primaria, su capacidad de hacer que el océano se comporte como un sumidero de carbono -extrayéndolo de la atmósfera-, es vital. No hay que olvidar que dos terceras partes del oxígeno de la Tierra provienen de la actividad fotosintética en el océano. Pero no es sólo eso: el océano es capaz de absorber el 30% de la contaminación atmosférica. Sí, a nivel global el océano es un sumidero de carbono y otros elementos… pero ¿se comporta así en todos los lugares geográficos, y en todo momento?

No, y hay un factor que es determinante a la hora de esperar que el océano cumpla con el encargo que ha asumido -y que le hemos encomendado, de alguna manera-, el de limpiar la atmósfera: la temperatura. A medida que aumenta la temperatura del océano, éste es menos capaz de retener los gases disueltos en él. Si las circunstancias son las adecuadas, el océano puede dejar de ser sumidero de carbono y otros elementos y convertirse en manadero. Antonio me lleva al laboratorio y me muestra las mediciones que el Picarro, artilugio que mide las concentraciones de CO2, metano (CH4) y otros compuestos: en ese momento, el agua de mar tenía 480 partes por millón de CO2, mientras que la atmósfera estaba por los 380 ppm. Cuando la concentración de un gas en el océano es mayor que en la atmósfera, y la temperatura de aquel aumenta, los gases disueltos en el agua son liberados a la atmósfera. Entonces, en esa zona, el océano deja de ser un sumidero para ese gas -el CO2 y el CH4, por ejemplo- y se convierte eventualmente en un manadero de gases de efecto invernadero. El Mediterráneo puede llegar a emitir una cantidad de gases de efecto invernadero mucha más importante que los gases emitidos por el tráfico rodado de los países ribereños. Un equilibrio inestable que puede convertirse en ciertos momentos en una bola de nieve corriendo ladera abajo. Sin embargo, en cómputo global, el océano sigue siendo el mayor sumidero de gases de efecto invernadero del planeta.

Todo esto ha sido estudiado durante tres semanas por el proyecto ARGON, a bordo del GdC, convirtiéndolo en un privilegiado, a él y a su tripulación, por más que el trabajo diario de gobernar, mantener, reparar y cocinar nos impida ser conscientes. Pero si uno pregunta, descubre la maravilla de la Ciencia.

Por ello quiero agradecer a ARGON y sus científicos, a Antonio, a Paloma, a Arsenio, a Daffne, a Rubén, a Yuri y a Toni -el técnico de la UTM, hermano de sangre de la tripulación, como todos los de esa unidad- la paciencia que han tenido conmigo, que aparecía seguramente en el peor momento con la cámara, la libretita, los sentidos y la actitud inquisitiva. Y ya, de paso, por su disciplina prusiana a la hora de aparecer en el comedor y su buena disposición ante el trabajo de la Fonda, que es la mejor de las recompensas.

Intercambio de agradecimientos, pues.

MAGIA ARREMANGADA

Los intentos de Pepe por apagar las llamas mágicas

Los intentos de Pepe por sofocar las llamas

Vinagreta de Lentejas, Lubina a la Plancha, Sopa de Verduras al Hinojo, Osobuco de Ternera con Patatas Fritas.

La magia de la mar es, a veces, extraña. Ayer nos hartábamos de ver ballenas y delfines –es un recurso retórico: ¿quién puede hartarse de eso?-. Hoy, la mar, ha continuado pacífica, calmada. Ha habido ratos en los que su superficie se ha rizado como la piel de los dedos después de pasar mucho rato en el agua; otros,  ha permanecido tan lisa que nuestro reflejo se convertía en un espejismo. Bella y serena, pero aparentemente vacía.

No han venido los delfines a jugar con el empuje de nuestra proa. No ha habido resoplidos, ni rectos de rorcuales ni torcidos de cachalotes. No se han visto tortugas, ni aves marinas. No se ha visto otro ser vivo que algo que saltaba en la lejanía, posiblemente un pez espada, y algunas medusas desperdigadas, Pelagia noctiluca, esos pequeños seres de color morado y largos filamentos que dejan imborrables recuerdos de su caricia.

Los científicos han podido trabajar tranquilamente, sin preocuparse del balance, y en la cocina ni siquiera hemos puesto las bayetas antideslizantes, y hemos trabajado con los dos portillos abiertos de par en par, que es de mucho agradecer. Pero cuando el trabajo había acabado y el personal podía desparramarse por las cubiertas, quedaba claro que todo el mundo esperaba ver algo parecido al espectáculo de ayer, y se quedaba ensimismado, viendo la mar silenciosa, estáticos como las gaviotas cuando se posan junto al barco, esperando impertérritas a que ocurra algo que les sea favorable. No había avistamientos, pero la magia permanecía entre nosotros.

Y al fin, una sorpresa. Por más vueltas que le he dado, no encuentro otra explicación que la resonancia entre la magia de la mar, la de ARGON –que también tiene un gran poder mágico, aunque esté agazapado entre software, muestras, reactivos, agitadores y, cómo no, la sabiduría de sus integrantes-, y la de esta noche de San Juan, que ni los descreídos radicales como yo somos capaces de negar.

La cosa es que, de pronto, el agua contenida en una cazuela que estaba en remojo -se me había pegado un pelín la salsa del osobuco- ha empezado a arder de forma espontánea. Todos nos hemos congregado en torno a ella, sorprendidos por el prodigio. Pepe ha intentado apagarla removiéndola, pero lejos de sofocar el fuego, aún lo ha avivado más. Sin darnos cuenta, hemos ido formando un círculo en torno a ella, y Dafne, como hechizada, ha comenzado a recitar en una lengua incomprensible lo que parecía un mantra que, sorprendentemente, nos ha dado muy buena onda a todos, hasta conseguir que la risa resonara en el grupo.

Descreído, sí, y mucho… pero cuando la magia se pone a la faena… ¡uf!

EL REINO DE LOS HIJOS PRÓDIGOS

Yuri en busca del DOM

Yuri en busca del DOM

Coliflor con Bechamel, Pollo al Horno con Pisto, Sopa de Pollo y Pasta Integral, Marmitako de Emperador.

Nos despedimos de Capraia con un pensamiento propio del viajero… “Que nos volvamos a ver”. No son aguas por las que el GdC haya navegado mucho, y probablemente siga siendo así en el futuro, pero no hay que perder nunca la esperanza de volver a encontrar la belleza.

Empezamos a cruzar el Mar de Liguria mientras la primavera se convertía en verano por el hechizo de la luna llena -“70 años han pasado. Y otros 70 tendrán que pasar”, suena la profecía de Anne Bonny (caboleeuwin.wordpress.com)-. Al día siguiente se reemprendió el trabajo de muestreo de ARGON: CTD a diferentes profundidades, ordeño de sus botellas en cubierta, y horas de trabajo de filtración y análisis. Y siempre, a la mínima oportunidad, la vista clavada en la mar y el cielo. Pero el mar de Liguria se nos mostró con la timidez del joven vergonzoso. Hoy, en cambio, tras dejarlo atrás y entrar en el Golfo de León, hemos descubierto que este es el reino de los Cetáceos.

Hemos avistado más de una docena de rorcuales, dos cachalotes, cientos de delfines listados, calderones… miraras hacia donde miraras veías chapoteos, resoplidos, saltos… Llevo 24 años navegando y jamás había visto tanta cantidad de ballenas en un día. No he comido hasta que he tenido que volver a la cocina para preparar la cena, y no he cenado hasta que la falta de luz impedía la observación. Todo ello ha ocurrido en torno a la bisectriz del Golfo de León,  más o menos en la latitud del Estrecho de Bonifacio. Ha sido un espectáculo disfrutado por todo el mundo en algún momento del día.

Yuri, un científico de Pisa, también ha pasado en cubierta todo el tiempo que ha podido. Él fue en el pasado voluntario en una organización interesada por los cetáceos, así que supongo que lo ha vivido de una manera muy especial.

En el laboratorio, Yuri trabaja desde 2010 en el estudio de la materia orgánica disuelta (DOM, en inglés), junto a un grupo de investigación de Pisa que lleva muestreando gran parte del Mediterráneo oriental desde 2004. Yuri filtra las muestras de agua provenientes de las botellas del CTD cerradas en una cota media  respecto a la profundidad de la zona. Utiliza filtros de nailon de 0,02 micras. La materia orgánica disuelta es una pieza más dentro del rompecabezas del ciclo del carbono, y está relacionada con la fotosíntesis del fitoplancton y la respiración de los organismos heterótrofos.

Al utilizar los filtros de 0,02 micras se consigue  una muestra de agua sin vida, pero con el material orgánico disuelto en ella. Yuri  me confirma que sí, que las excreciones de los cetáceos de la zona también son materia orgánica disuelta. Parte de esa materia  es utilizada por los organismos heterótrofos, que la fijan y la alejan de su permanencia en la atmósfera. El valor de la concentración de materia orgánica disuelta es de suma importancia a la hora de cerrar el ciclo del carbono.

De  noche, otra vez. Qué maravillas pasarán a nuestro lado mientras la noche continúa, ni siquiera el personal de guardia llega a saberlo. Pero eso no nos quita ni un ápice de ilusión por lo que nos deparará el mañana. Quizás sigamos viendo hijos pródigos  que regresaron al mar después de conquistar la tierra, y que vuelven a estas aguas desde el sur, siguiendo caminos invisibles que sólo ellos conocen.

Lo que es seguro es que seguimos navegando con rumbo SW, en dirección a Mallorca.

JUSTIFICACIONES PARA UN POST BREVE

El GdC en Isola Capraia

El GdC en Isola Capraia

Spaghetti al Pesto, Tortilla de Setas y Sobrasada, Gazpacho, Gambas Cocidas, Barbacoa de Brochetas de Pollo Adobado, Longaniza de Catania y Chistorra de Navarra, Ternera Gallega, Pastel de Cumpleaños, Cerveza Artesana de la Isola di Capraia

Estoy agotado. Lo que me pide el cuerpo es irme a dormir, y dudo que ni siquiera fuera capaz de leer dos o tres páginas del libro de turno. Pero ayer no subí ninguna crónica –metido a fondo con la relación tripulación-CSIC, con todas las aristas que se puedan imaginar y más-, y dos días seguidos ya sería demasiado: es la ética del momento.

Así que aquí estoy, diciendo que estoy agotado sin saber muy bien por qué, o si es por todo.

Los baños desde la popa del GdC son una experiencia para ser vivida una y otra vez, como una y otra vez los monos de nieve de Jigokudani se zambullen en aguas calentadas por las entrañas de la Tierra. Ellos no se cansan, pero los baños en el GdC sí que consumen energía: la escala para volver al barco es más propia de las filigranas de Tarzán que de seres hechos y derechos como los de a bordo; y la premura por volver al puesto de trabajo –maldita manía la de querer cenar todos los días- acaba estresando más que relaja la ingravidez en medio del azul. Sí, los baños en el GdC pueden llegar a cansar.

La cena en cubierta es un acto de gregarismo social aceptado y disfrutado por todos, pero no voy a mentir diciendo que no cansa: montar todo en cubierta, adecuar los tiempos de la plancha a la voracidad de los comensales, recogerlo todo cuando lo que menos le pide a uno el cuerpo es ponerse a recoger… ¡uf!

Realizar un desembarco a bordo de la zodiac en el puerto de una pequeña isla del archipiélago Toscano también estresa: ¿qué hacer? ¿calzarse el equipo de apnea para disfrutar de una aguas bendecidas por la protección medioambiental  otorgada por el gobierno italiano?¿Desembarcar en el muelle y caminar por donde nunca antes se ha caminado, y posiblemente nunca más se vuelva a hacerlo?

A lo mejor no. Quizás estoy equivocado y bañarse en el azul, cenar sobre cubierta, en buena compañía, y descubrir después un lugar mágico, una Isola Capraia de piedra moldeada por los humanos y callejas retorcidas porque cada uno encontró su hogar donde lo encontró, no consume energía, sino que recarga el cofre donde se guarda el bienestar para cuando hace falta.

Quizás estoy cansado porque, simplemente, hoy ha sido el día más largo del año.

Feliz y abundante cosecha a todos. Y en la mar, tiempo bonancible.

P.S.

Un detalle culinario: las gambas fueron cocidas y enfriadas con agua muestreada por el CTD a 125 metros de profundidad, que es donde se encuentraba esta mañana el máximo de clorofila. Por lo tanto, las gambas no han sido cocidas en aguas con sal, sino en agua marina rica en fitoplancton. Tras realizar una encuesta -con nulo valor estadístico- sobre las propiedades organolépticas del producto conseguido, podemos decir sin temor a equivocarnos que hemos creado una revolución en el proceloso mundo de la cocción de marisco, y que en cuanto lleguemos a puerto pensamos registrar el proceso físico químico como propiedad intelectual de Carlos, mi compañero en la cocina, que es quien ha tenido la idea… ¡se va a forrar!

¡ABRACALABRA!

El cazador de gases

El ganadero de gases

Ensalada Verde con Mozzarella y Vinagreta de Cabello de Ángel; Caldeirada de Rosada y Gambitas, Crema de Yogur y Taboulé, Cabezada de Lomo Empanada, con Champiñones Aliñados con Salsa de Soja y Wasabi.

Es cierto, el menú de hoy ocupa más de lo habitual, pero en realidad son cuatro platos, como siempre. La vinagreta de cabello de ángel da un toque dulce pero suave para acompañar a la mozzarella y los frutos secos.

La caldeirada, ya saben: pochar bastante cebolla cortada en gajos gruesos, añadir agua debidamente sazonada, y a ésta un par de hojas de laurel, y cocer las patatas. Cuando están casi listas, añadir el pescado en trozos de ración –evitar cocerlo demasiado-. Mientras se cuece –cinco minutitos como mucho-, freír en aceite de oliva abundante ajo picadito y pimentón dulce –con una pizca de cayena molida-. Matar la fritura con un poco del caldo de la cazuela. Añadir las gambitas, escurrir el caldo de la cazuela –sin tirarlo, claro: sirve para una sopa- y napar las patatas y el pescado con la fritada de ajo y pimentón. Tan sencillo como rico.

La crema es… un ejemplo de reciclaje. Ayer me sobró la mezcla de hortalizas del taboulé, incluidas las pasas y la menta. Simplemente, he añadido más pepino, unos yogures, un poco de tahina, almendras fritas y saladas, un poco de agua, un poco de sal, un poco de aceite de oliva virgen… y dos minutos de trituradora a todo meter.

Y los champiñones, grandes como un limón, nada más fácil. Pasarlos por la plancha, primero con la concavidad hacia abajo, y después hacia arriba, un minuto escaso en cada lado. Cuando la concavidad está arriba los he pintado con una mezcla de salsa de soja y wasabi.

No sé por qué me ha dado hoy por dar la tabarra con la confección del menú… como no sea porque Rubén me ha estado contando cuál es su cometido en esta campaña del proyecto ARGON, que a mí me ha recordado la tendencia que tenemos en la cocina del GdC de usar la imaginación para aprovechar esos boles que quedan en la nevera de un día para otro.

Porque Rubén parece un mago que en vez de conejos o palomas, hace aparecer y desaparecer gases, aquellos que se hallan disueltos en el agua de las muestras recogidas con el CTD. Con una simple jeringa hace el vacío en una botella llena de agua de la muestra, y consigue que un montón de burbujas de diferentes tamaños surjan de la nada –al proceso le llaman “ordeñado”. Con ultrasonidos hace que esas burbujas se desprendan de las paredes de la botella. Entre sus manos los gases pasan de un envase a otro como la moneda entre los dedos del prestidigitador. Finalmente, con aire triunfal, muestra el vial en el que sólo hay gases.

Ese vial, junto con diecinueve más que rellena en cada estación de muestreo, es guardado primorosamente en una caja que será descargada en Palma de Mallorca, donde el espectrómetro de masas dirá con una exactitud asombrosa cuáles son y en qué cantidad aparecen. Son gases que provienen del intercambio atmósfera-océano, y del metabolismo planctónico –fotosíntesis, respiración y excreción-.  El trabajo de Rubén es una cara más del poliedro de conocimiento que es ARGON, junto con el trabajo de los demás integrantes… y del espectrómetro, claro.

La prestidigitación es un arte muy útil en multitud de facetas de la vida… ¡si supieran los comensales del GdC lo que van a comer mañana! ¡Abracalabra!