FOTOS DE ENCUENTROS EN GEOMARGEN

FOTOS DE ENCUENTROS EN GEOMARGEN

Durante casi dos meses, navegando entre la ruta que lleva a Port Said, punto de recalada para entrar en el Canal de Suez, nos hemos encontrado con multitud de buques. En buena parte del área barrida por nuestras sondas la profundidad permitía la pesca de arrastre, y no era raro cruzarnos con pesqueros sardos y tunecinos. Cerca de la costa, pescadores artesanales nos miraban curiosos, y embarcaciones de “pilot” llevaban a los prácticos hasta los buques que esperaban para entrar en los puertos…

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Final de Temporada

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La galaxia vuelve a girar en el sentido adecuado. Ahora mismo me encuentro en un asiento de otro AVE, esta vez para no volver al barco hasta mediados de septiembre, cuando el GdC reinicie sus actividades, si es que le dejan.

Durante los últimos cinco días hemos estado trabajando a lo largo de la Costa Brava, desde el Cap de Creus hasta Tossa de Mar, siguiendo las pautas dictadas por el proyecto FORMED, que lidera el Dr. Jorge Guillén, del CMIMA. FORMED trata de estudiar las formaciones de más de un metro de diámetro  que aparecen en el fondo marino del margen continental mediterráneo español. A la vez, pretende profundizar en el conocimiento la estructura sedimentaria en las primeras capas del fondo marino, así como en la dinámica sedimentaria actual de la zona, comprobando qué formaciones del fondo son activas y siguen siendo modeladas por esa dinámica sedimentaría, y cuáles son relictos relacionados con dinámicas sedimentarias del pasado.

La recopilación de datos se ha realizado mediante cuatro técnicas: la batimetría con la sonda multihaz, el sondeo sísmico con un sparkler –aparato que emite ondas sísmicas creadas por series regulares de arcos voltaicos, las cuales pueden penetrar hasta los quinientos metros de profundidad del subsuelo, dependiendo de las características de éste y de la configuración del aparato-, la recogida de muestras de las primeras capas de sustrato del fondo mediante un multicore, y la lectura de los parámetros oceanográficos en la columna de agua mediante un CTD.

Han sido cinco días de trabajo en una mar en calma, bajo cielos azules durante la mañana y que mostraban los enormes cumulonimbos de evolución formados a muchas millas tierra adentro, donde la superficie sólida se calienta por la insolación haciendo que el aire ascienda a kilómetros de altitud al ser calentado por ella. Cinco días de calma de casco adentro, aprovechando la coyuntura de todo funcionaba a las mil maravillas, de que el tiempo acompañaba, y de que en cuanto llegáramos a puerto tras los cinco días nos iríamos de vacaciones durante más de un mes. Sólo un hecho ha emborronado tanta calma: hemos estado durante cinco días sin cervezas. Aunque pueda parecer que se trata de una nadería, la obstinación del personal a la hora de hacer constar su disgusto ha hecho que me sienta responsable, entre otras porque realmente lo soy, ya que soy yo el que se encarga de gestionar el pedido de provisiones. Afortunadamente, la sangre no ha llegado al río y si en algún momento se valoró la idea de tirarme por la borda, dicho proyecto no fructificó y llegué a Barcelona junto con el resto de tripulación.

Llegué a Barcelona a bordo lo cual fue una suerte, no sólo por una mera cuestión de supervivencia personal, sino porque pocas horas después de atracar en el muelle norte del World Trade Center hicieron falta todas las manos disponibles para luchar contra la posibilidad de producirse un gran derrame de gasoil por rotura de una válvula del tanque de diario. Incluso el compañero de la UTM que aún estaba a bordo a la espera de su vuelo de regreso a Vigo, y Carlos Expósito, que se había acercado con el camión para llevarse el material de la campaña finalizada, tuvieron que arremangarse y colaborar en la recogida de gasoil para evitar que el gasoil acabara en la dársena de San Bertrán, uno de los escenarios del Campeonato del Mundo de Natación.

Con el barco descansando en el puerto de Barcelona y sus tripulantes haciendo lo propio en sus propios puertos de recalada, pocas cosas podrán aparecer en estas crónicas… ¿o quizá no sean tan pocas? Queda pendiente el ofrecer el enlace para poder ver las fotos tomadas durante la campaña GEOMARGEN, así como otro para ver las de la campaña FORMED, y algo habrá que comentar sobre la situación del GdC, la del CSIC y cómo influye en el GdC, la del Estado y cómo influye en el CSIC –y en el GdC-…

Sí, aún quedan crónicas que contar…

 

Maniobras de reanimación

Despidiendo a GEOMARGEN desde la mar

Menú

 

Ensalada de Hortalizas

 

Jureles y Brótolas Fritos, con Patatas

 

Crema Fría de Puerros

 

Butifarra con Judías salteadas y Pimientos de Padrón

 

El tiempo fluía plácidamente, insensible a los avatares de veinte personas a bordo de un pequeño barco rojo y blanco, apático ante los antojos del otro tiempo, el del cielo y la mar.

 

De pronto, despertó. Se desperezó –una semana antes-, tomó carrerilla –dos días después- y, súbitamente, todo se emborronó. Las olas y las nubes y las aves y el sol iluminándolo todo, el mundo entero fue impulsado por el tiempo como si éste fuera el motor positrónico del “Enterprise”. Intenté agarrarme a algo, a las leyes de ese Newton que cada uno llevamos dentro y que acostumbramos a llamarle Ética; a la costumbre, pegada al pasado como si fuera un post-it enviado al futuro; a los principios generales del pequeño monaguillo chillón llamado Moral, que se empecina por mantenerse vivo en nuestras entrañas, y que araña con sus manitas mugrientas las pantorrillas de nuestro Newton particular.

 

Pero fue inútil: todo discurría demasiado rápido, y yo me agotaba más y más. Mis pies me llevaron de la cocina al camarote, de ahí al muelle y más allá, hasta la estación. Me senté en el lugar indicado en el billete, desplegué la mesilla anclada en el respaldo de la butaca delantera, e intenté mantener la costumbre de escribir la última crónica de la campaña en el tren de vuelta a casa, mientras paisajes estratificados por la Alta Velocidad recorrían el metro escaso de la ventanilla como un sueño no REM en medio de la noche.

 

Pero fue inútil. Ni siquiera fui capaz de sacar el portátil. Caí en el sueño como si alguien hubiera puesto la zancadilla a mi consciencia con un pañuelo empapado en éter. Cuando desperté, una voz en diferentes idiomas me recordaba que estábamos llegando a Zaragoza y que comprobara que no me dejaba ninguna pertenencia. No le hice caso: viajo con sólo una mochila. No podía perder tiempo, tenía que intentar seguir el ritmo enloquecido del tiempo encabritado.

 

Pero fue inútil. Abrazos, besos; el agua de la piscina apartándose de mí como si estuviera infectado por el salitre; charlas preestablecidas por universos comunes con los amigos de siempre; el cielo limpio a nueve mil metros de altura, las nubes más abajo ocultando la meseta de Bohemia… Todo ello pasando vertiginosamente ante mis ojos y mi consciencia… Y de nuevo el tren y sus paisajes en dos dimensiones, hipnóticos, sedantes…

 

Todo fue, finalmente, inútil. El tiempo se me escapó entre las manos, cayó bajo mis pies y resbalé con su viscosa consistencia por la pendiente que desembocaba bruscamente en el ahora.

 

Ahora estoy en el barco, de nuevo, como si apenas fuera necesario decir “de nuevo”, escribiendo en este diario mientras el maldito monaguillo por un oído y mi “Newton” particular por el otro no dejan de farfullar sus discursitos recargados, buscando uno sembrar la culpa, y encontrar excusas plausibles el otro ante el hecho de que el tiempo, mientras yo babeaba ante él, ha zarandeado el diario dejándolo listo para recibir maniobras de reanimación.

 

Así que esto no deja de ser eso, una maniobra de reanimación, con los recuerdos no contados de GEOMED desparramados en torno al cuerpo convulso de las crónicas del GdC: recuerdos del último fondeo frente a Bizerta, con los cuellos de los componentes del proyecto atiborrados de parches anti mareo, y las ollas rodeadas por las balanceras porque el barco se movía tanto o más que navegando (fondeadero de Bizerta: buen agarre, mal abrigo); recuerdos de la despedida de Mohammed, el científico tunecino, desembarcado con una lancha remisa a acercarse al GdC, que respingaba contra el fondeo como un mustang ante el lazo del vaquero. Apenas algún recuerdo del viaje desde Bizerta a Barcelona, jugando al pilla-pilla con el enésimo temporal proveniente del norte, del Golfo de León, pero aprovechando la coyuntura para un baño de fortuna al socaire de Menorca.

 

Y ahora, a las puertas del Golfo de León, frente a un Cap de Creus que apenas se vislumbra entre la calima, con la mar atontolinada por la estabilidad meteorológica propia del verano, el GdC navega de nuevo oyendo los ecos del fondo, con el proyecto FORMED cargado a sus espaldas, nuevo relato para una crónica reanimada.