Navegamos con dirección a la Antártida

La campaña del proyecto ACE deja Ciudad del Cabo y se dirige a las islas subantárticas. Por el camino, albatros, rorcuales… y plástico.

El plástico no tiene fronteras, es el miserable mensaje que dejaremos a los descubridores de nuestra civilización extinta. No me extrañaría que llegasen a identificar esos restos no como arqueológicos, sino como paleontológicos: “No puede ser que sea basura… ¿Qué civilización sería tan insensata?”

Super Science Me

Zarpar de Ciudad del Cabo fue algo duro. Nuestros compañeros durante casi un mes de travesía por el Atlántico volvían a casa y solo quedábamos unos 7 participantes, del total de 70 que hemos formado parte de la etapa 0. Ahora empieza la expedición en serio, la circunnavegación de la Antártida, durante la cual esperamos tener mucho trabajo que hacer y así poder recopilar la mayor cantidad de datos posible.

ace_buque Zarpando de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), a bordo del buque oceanográfico Akademik Tryoshnikov.

Estamos en la etapa 1 (“leg 1”) y ya vamos camino de Isla Marion, una de las paradas previstas en las islas subantárticas. Al llegar a la isla muchos investigadores desembarcaran vía helicóptero, mientras que otros nos quedaremos en los alrededores de la isla lanzando CTDs y muestreando el fondo marino.

Los investigadores que desembarcaran van a estudiar la composición química de los…

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Orto

La mayoría de efemérides que celebramos los humanos -los cumpleaños, los aniversarios…- carecen de gran importancia. Haber transcurrido un determinado tiempo desde que nacimos, o desde que se venció en tal batalla, o que se conquistó cierto hito, es absolutamente arbitrario: podríamos estar celebrando infinitos aniversarios, uno cada fracción de segundo, sobre cada uno de los infinitos hechos que nos apeteciera recordar (∞ x ∞ =…)

– “¡¡Dentro de 10 segundos hará 3647 días, 23 horas, 15 minutos y 7 segundos que nos conocimos!!”

– “¡¡Siií… y 55 segundos desde que te avisé que se te estaba quemando el sofrito!!”

Sin embargo, el mundo de la Física no es tan arbitrario, creo yo. Quizás por eso se puede mandar un mensaje a posibles civilizaciones extraterrestres, ¿no?

A mí, personalmente, me gusta celebrar efemérides basadas en la Física: son más de fiar.

Por ejemplo…

…A las 11:44 (Hora Oficial de España) de hoy miércoles, día 21, se producirá el solsticio de invierno.

En ese momento, el valor de la declinación del sol adquirirá su máximo valor negativo (-23º 27′).

Sí, de acuerdo, la determinación horaria del suceso es una arbitrariedad; y el valor numérico del arco de meridiano celeste enmarcado entre el Ecuador celeste y la Eclíptica, también… Pero el suceso en sí no lo es, no lo hemos inventado nosotros, sino las leyes físicas que gobiernan el movimiento de los astros.

En torno a ese momento, durante unos días antes y después  de él, el sol mantendrá aparentemente la máxima altura sobre el horizonte -que se produce al mediodía-, aunque en realidad ningún día alcanza exactamante la misma altura. Es como si en una montaña rusa ascendemos por una rampa y descendemos por la siguiente:

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Imagen original: Copyleft/Wikimedia

En la cúspide de la curva no hay ninguna recta, pero a nostros, montados en la vagoneta, nos parece que sí la hay, y que circulamos por ella después de subir y antes de bajar.

A partir de las 11:44, el sol comenzará a ganar declinación, los primeros días apenas una centésima de grado, pero irá acelerando en su ascensión mientras se acerca al valor de declinación cero… pero eso no ocurrirá hasta el equinoccio de primavera, el próximo 20 de Marzo.

Así que tenemos 88 días y 23 horas de invierno por delante.

Ojalá el cambio climático nos dé un respiro y sea un invierno como los de antes… Pero… ¿por qué nos lo tendría que dar? ¿Se lo damos nosotros a él?

 

Y el fin de la travesía llegó

El “Akademik Tryoshnikov” ha llegado a Ciudad del Cabo. Habrá que esperar, a ver qué cuentan de sus andanzas tierra adentro.

Pero mientras…

Super Science Me

Tras 25 días de navegación marítima por el Océano Atlántico, hemos llegado a nuestro destino, Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Toda singladura tiene sus dificultades, sus buenos y malos momentos. Es difícil abstraerse en muchas ocasiones y ser consciente de que eres un total privilegiado por estar aquí.

Al principio de una expedición parece que el tiempo no avanza, los primeros días se hacen eternos. Pensar en el tiempo que tendrás que pasar en el barco sin prácticamente conexión con el mundo en tierra firme, es algo con lo que hay que saber convivir.

En mi caso, estaré dos etapas, un total de 2 meses y medio fuera. Hay gente que estará tres o incluso cuatro etapas, lo que son unos 4-5 meses fuera del hogar. Sin embargo, una vez alcanzado el ecuador de una expedición el tiempo vuela.

Los días avanzan a la velocidad dictada por la unánime rutina…

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ESPERANDO TIERRA ADENTRO

Imagínense que una mañana abren el periódico y leen que ha sido descubierta en Suiza una nueva cordillera con picos de más de tres mil metros de altitud…

Imagínense que una noche, en las noticias de la TV, se comentara que había sido descubierta una nueva especie de árbol, pero no en lo más recóndito de la selva impenetrable, sino en un parque urbano, y que tras anunciarlo en las revistas científicas empezara una lluvia de identificaciones de esa especie en la mayoría de los parques del mundo, y no sólo eso, sino que además se identificara la importancia vital de esa especie de árbol en la regulación del clima del planeta…

¿Qué locura, verdad?  ¡Qué increíble!

Pero hay un lugar en la Tierra donde aún están por descubrir nuevas montañas de más de tres mil metros de altitud…

…Un lugar donde se seguirán identificando nuevas especies, no sólo de aquellas de las que queda pocos especímenes, sino también de especies con poblaciones abundantes, o con muchos especímenes, pero desperdigados…

Ese lugar es el océano.

2.035 millones de kilómetros cúbicos de agua cubriendo 263 millones de kilómetros cuadrados de fondo oceánico, siete décimas partes de la superficie del planeta.

Un ejemplo de lo incipiente del conocimiento sobre el océano: hasta 1950, sólo dos personas (Beebe y Barton) habían descendido más allá de la reflejo de la luz, cerca de los mil metros de profundidad.

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Imagen: NOAA/Wikimedia Commons

Otro: ejemplares de calamar gigante, del género Architeuthis, han sido recogidos tradicionalmente como muestras de arribazón, o flotando en la superficie, o capturados en las redes. El Instituto Smithsoniano, durante 1999, en aguas de Nueva Zelanda, y Ángel Guerra, del CSIC, a 30 millas al NE de Gijón (2001-2003), entre otros, intentaron encontrar a esos esquivos cefalópodos, los invertebrados más grandes del planeta, y fotografiarlos vivos y en libertad. Pero no fue hasta 2004, cerca de las islas japonesas de Ogasawara, donde se fotografió por primera vez uno de ellos, enganchado a un anzuelo cebado para la ocasión. Y hasta 2012 no se consiguió filmar en video a un ejemplar vivo en libertad.

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Imagen: Dylanmonch Vigote/Wikimedia Commons

 

Cuando en 1950 la famosa naturalista Rachel Carson publicó su libro “The Sea Around Us”, los humanos apenas se habían adentrado en la profundidad oceánica. No se conocía la dorsal mesooceánica, ni se había mapeado la red global de corrientes superficiales y profundas. No se había cartografiado el fondo marino, que se entendía como la superficie más antigua e inalterable de la Tierra. Ahora se sabe que es justamente al contrario: en las dorsales mesooceánicas es donde nace continuamente nueva corteza terrestre.

Durante miles de años la Humanidad no alteró apenas al océano. Pero en pocas generaciones todo ha cambiado. Actualmente la zona anóxica -carente de oxígeno- del Golfo de México, alimentada por el agua contaminada que vierte el Mississippi, cubre una superficie de 20.000 kilómetros cuadrados, más o menos como el País Vasco, Navarra y La Rioja juntos. El estómago de un rorcual adulto muerto albergaba más de 16 kilogramos de plásticos, lo que le produjo una oclusión que acabó con él. Se ha constatado -y yo soy testigo- que en ciertas partes del Mediterráneo se puede navegar durante muchas millas observando plásticos cada pocos metros. Sí, la salud del océano no es la de hace unas cuantas generaciones.

Es fácil ser un astrónomo aficionado: las estrellas son observables desde la superficie terrestre -si conseguimos vencer la contaminación lumínica-. Pero las profundidades marinas siempre están ocultas. A 150 metros de profundidad sólo llega un 1% de la luz que llega a la superficie; a 900 metros de profundidad la oscuridad es absoluta -salvo por la bioluminiscencia-. Con aire comprimido, un buceador sólo puede llegar a una profundidad de 90 metros.

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Imagen: Juegosmusicalesenelaula.blogspot.com

Las propiedades físico-químicas de la molécula del agua le permiten conservar el estado líquido y formar el océano. Las corrientes oceánicas son las principales distribuidoras del calor absorbido por el planeta. Si no fuera por la corriente del Golfo, por ejemplo, que baña las aguas de las Islas Británicas, éstas serían una tierra helada buena parte del año.

 

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Imagen: D. Reed, San Jose State Geology

Pero esas mismas propiedades son las que hacen que el océano sea opaco. La Humanidad sólo puede ver el 30% de la superficie del planeta; el 70% restante está sumergido.

Hasta el 1 de Febrero, fecha en la que la tripulación del GdC volverá a embarcar -veremos  para cuánta navegación-, falta mucho. Para matar el gusanillo, releo el libro “La Exploración Del Mar”, de Robert Kunzig (Ed. Laetoli, 2007). Robert Kunzig es un periodista especializado en la divulgación oceanográfica. Dirige la revista Discover y colabora habitualmente con National Geographic.

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Imagen: Ed. Laetoli

En fin, he pensado que quizás podría interesarles que les resumiera el libro, resaltando los conceptos más relevantes. Iré subiendo post cada pocos días.

¿Les apetece?

EL PLACER DE LA CORTESÍA

 

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Imagen: csic.es

Sí, si, estoy de vacaciones, tierra adentro. Pero, sobre todo cuando estoy de vacaciones, acudo a reuniones relacionadas con mi actividad como delegado de la tripulación del GdC y delegado de Prevención. Cada dos meses aproximadamente se reune lo que antes era el Comité de Seguridad y Salud del CSIC en Cataluña y Baleares y que ahora, gracias a la obsesión del Gobierno por reducir estructuras organizativas -en algunos ámbitos; en otros, medran como las setas después de una semana de lluvia-, se ha convertido en el Comité de Seguridad y Salud de la AGE (Admnistración General del Estado) de Cataluña y Baleares.

A fin de que los miembros electos de dicho Comité vayan conociendo las múltiples infraestructuras del CSIC, cada una de sus reuniones se celebra en una de ellas. La del pasado lunes, día 12, se celebró en las dependencias del Institut Botànic de Barcelona IBB, en la ladera occidental de Montjuic.

La reunión duró más de tres horas, y no es momento ni lugar para entrar en detalles. Baste decir que fue “productiva”. Tras la reunión, la gerente y varias personas del equipo científico del IBB nos regalaron una visita guiada a las instalaciones, nutrida con toda clase de explicaciones sobre las técnicas de trabajo, las líneas de investigación y los fondos de archivo. Una visita fascinante.

El IBB es un instituto mixto, perteneciente al CSIC y al Ayuntamiento de Barcelona. El edificio actual es de 2003, pero el origen del IBB se remonta a 1934. Es el segundo centro botánico más importante de España , después del Real Jardín Botánico, en Madrid.

Las instalaciones son modernas,  pero  entre otras,  tienen la colección del Gabinete Salvador, una familia  de farmacéuticos  que tenían su despacho en el carrer Ample de Barcelona, entre la plaza Colón y la edificio central de Correos, y que  iniciaron su colección… ¡ en 1570! En el IBB se conserva de ese gabinete la biblioteca,  el herbario, la colección malacológica, de fósiles, de vertebrados…   ¡hasta tienen un esturión del Ebro! (Por cierto, en 2014 se inició un proyecto para devolver al Ebro la presencia de esturiones -que desaparecieron en los años 70-, anguilas, lampreas y sábalos).

El trabajo de los Salvador fue tan importante  que la Royal Botanic  Society, en el s.XVII, dio su nombre a una planta: Salvadorensis  persica, y la Inquisición les dio permiso “para leer libros “.

La colección Salvador fue abandonada en una masía del Penedés cuando  desapareció el último descendiente, en el s.XIX. Fue ahí donde, en 1923, Pius font i Quer, uno de los botánicos españoles más importantes del s.XX, la descubrió (lo que quedaba  de ella: todo lo “de valor” -monedas,  etc.- ya había sido expoliado).

El gobierno de la República requisó la colección Salvador para protegerla como bien público. El valor de la colección es tal que, tras la guerra, Franco ratificó la requisación dictada por la República, un hecho excepcional desde el punto de vista administrativo. En 1945 la Colección Salvador fue definitivamente trasladada al IBB.

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Imagen:  Cienciatk.csic.es

El IBB tiene otras doce colecciones, como el herbario Trémols, y cuatro herbarios más de hongos, algas, líquenes y briófitos, más una biblioteca que alberga publicaciones de libre acceso y otras, de mayor valor bibliográfico, que  necesitan solicitud argumentada para poder ser consultadas.

Según entendí, el IBB y el jardín botánico anexo puede ser visitado durante los fines de semana. Además, durante el año hay varias visitas guiadas, supongo que semejantes a la que yo  pude disfrutar. Vale realmente la pena, más aún si, como fue en mi caso, la mañana es soleada y uno puede contemplar la parte occidental de Barcelona con Collserola al fondo, con el Estadio Olímpico en primer plano.

Por si se animan: http://www.ibb.bcn-csic.es/institut/contacte/

No hay que decir nunca que no al placer de la cortesía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ARRIANDO EL PABELLÓN

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Buscando fotografías para ilustrar la primera de una serie de entradas sobre la historia de la Oceanografía (¡con lo fácil que es, casi siempre, tirar de “gatillo” fotográfico para ilustrar las entradas durante las campañas a bordo del GdC!), me he topado con esta noticia sacada por “Diario Marítimo” en Julio de este año: “El Instituto Español de Oceanografía realiza un acto de homenaje al buque oceanográfico Cornide de Saavedra”.

Sinceramente, me he emocionado. Pasé junto al CdS la primavera de este año, cuando fuí a embarcar a Marín después de que el GdC pasara por los obligatorios trabajos de inspección y mantenimiento propios de un barco de la su edad. El CdS tenía buena pinta, al menos desde el muelle. Quienes trabajamos en barcos sabemos que su estado de salud no se puede conocer viendo el casco. Si el casco está en muy mal estado no hay que mirar más, pero un casco recién pintado puede ser el lavado de cara de un candray, una chatarra flotante. El CdS ha salido a subasta junto con otro barco del IEO, el “Odón de Buen”. El pliego de condiciones es de Mayo de este año, pero por más que busco no encuentro la resolución de la subasta. Desconozco el destino de ambos, pero me temo que el desgüace no es el menos probable.

No me decidí a acceder al barco: los tripulantes que conocía se jubilaron hace tiempo. Pero recordé las veces que lo había visitado para hablar con su delegado de tripulación, cuando ambos barcos andábamos en conflictos de negociación colectiva -sí, esa figura entrañable, desaparecida tras la reforma laboral-, cada uno frente a su organismo -IEO y CSIC-. Actualmente el GdC ostenta el título honorífico de buque decano de la oceanografía española. Pero hasta 2013 fue el CdS quien lo ostentó. Fue construido en 1972, siete años antes que el GdC y un año antes que el “Odón de Buen”. Su nombre le fue puesto en honor a José Andrés Cornide de Folgueira y Saavedra, geógrafo y naturalista gallego del s.XVIII, uno de los ilustrados más conocidos de Galicia.

La foto que ilustra la noticia es de José Ignacio Diaz -espero que no le moleste que se la haya cogido prestada-, un viejo conocido del GdC. El actualmente coordinador de la flota del IEO -organismo que, por cierto ostenta la secretaría de la COCSABO (Comisión de Coordinación y Seguimiento de la Actividad de los Buques Oceanográficos, del Ministerio de Economía y Competitividad)- fue, durante parte de los noventa, director de la UGBO, Unidad de Gestión de Buques Oceanográficos, la precursora de la actual UTM, que gestiona la operatividad del GdC, de los demás buques del CSIC y de la Base Juan Carlos I. Incluso estuvo como Jefe de Campaña en algunas campañas, cuando yo era un novato que babeaba mirando a la mar, a la actividad del laboratorio, al horizonte desde la magistral. Más de veinte años después, creo poder afirmar que ya no soy novato. Lo de babear… bueno, me temo que eso se ha cronificado.

Ojalá hubiéramos tenido la oportunidad de arriar el pabellón ante el B.O. “Cornide de Saavedra” y el B.O. “Odón de Buen”, en señal de respeto y saludo, un homenaje a los barcos, a sus tripulaciones y a las víctimas de la explosión que sufrió el CdS en 1989, mientras estaba en un muelle de reparaciones de Vigo.

Buena proa, compañeros, sea cual sea vuestro puerto de destino.

Cómo se hace ciencia en el mar

“Super Science Me” relata la crónica del proyecto ACE de circunnavegación antártica a bordo del buque polar “Akademik Tryoshnikov”
Interesante, y aún no han llegado al Continente Helado

Super Science Me

La mayoría de las entradas que suelo escribir en el blog se acercan más a un cuaderno de abordo o bitácora, que a un post propiamente científico, hablando de la ciencia que estamos llevando a cabo. Así que, este lleva un poco de “chicha” sobre cuál es nuestro proyecto y qué instrumentación utilizamos en nuestro día a día, navegando por el Océano Atlántico.

¿Cómo recogemos el agua?

Estamos en un buque, rodeados de agua hasta donde alcanza la vista, por lo que el primer paso es obvio: nuestro interés es recoger toda el agua posible. Básicamente, lo hacemos de dos formas: utilizando la Roseta – CTD y bombeando agua en continuo, desde la superficie del océano al laboratorio.

El agua recogida será, en parte, utilizada en diversos protocolos analíticos dentro del laboratorio del buque. Otra parte será preservada, en congeladores a -20°C o -80°C, para su posterior análisis en diferentes laboratorios…

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