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Zarpando de Marín

GRACIÑAS

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Sopa de Pescado con Arroz, Bistec de Ternera con Ensalada Verde y Frutos Secos, Hamburguesa con Patatas Fritas, Pizzas.

Tras cuarenta y ocho horas de estancia a bordo, el cuerpo al fin reconoce como su hogar el entramado de pequeños espacios que es el barco.

La tripulación apenas necesita esas cuarenta y ocho horas para conseguir el ronroneo propio de una máquina bien engrasada; paradójicamente, al barco como máquina le cuesta algo más. Lógico. A los tripulantes se nos mantiene en tierra firme durante todo el periodo de vacaciones, envolviéndonos mimosamente con el amor de la familia y los amigos, y de la buena gente que vamos encontrando por el camino en función de la coyuntura. En mi caso, este invierno:

• Helena, fisioterapeuta que ha puesto todo su saber para recuperar mi pectoral mayor, roto por una estúpida caída de la bici, y que ha conseguido que ahora esté esperando la llegada de una provisión para muchos días con plena confianza en mi estado de salud.

• Los monitores del gimnasio donde me he pasado medio invierno intentando perder algo de peso y acumulando endorfinas para los tiempos de carestía, que han estado supervisando mis progresos en toda clase de máquinas infernales, más destinadas a arrancar la confesión de terribles crímenes que de hacer florecer en el semblante las miradas lánguidas y satisfechas de los maniquíes en los spots de esa clase de artilugios.

• Sofía, que ha hecho todo lo humanamente posible para conseguir que en mis manos y boca mi saxofón alto dejara de ser un reclamo para las grullas mientras atravesaban el cielo de Zaragoza en su viaje hacia el Norte, y se convirtiera en un instrumento musical, y yo en músico aficionado (espero que sea verdad eso de la reencarnación, porque no sé yo si me va a dar tiempo en los próximos treinta años de llegar a merecer dicho calificativo)

Gente a la que das las gracias cuando te despides de ellas, y a quien se las sigues dando cuando ya no pueden oírte, mientras paseo, en mi caso, por la ría de Pontevedra, contemplando garzas blancas pescando en la bajamar.

Sí… Graciñas, como dicen con dulzura por aquí.

Pelillos a la mar… de nuevo

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Como si del fluido de una clepsidra se tratara, los acontecimientos discurrían marcando el paso del tiempo. Pero algo raro estaba pasando. Los carnavales de Cádiz eligieron como mejor chirigota la desternillante parodia de un Gobierno dicharachero y sinvergüenza, pero me reía en casa y no a bordo; se juntó la familia para celebrar que mi hijo cumplía 15 años, y yo estaba entre ellos, y no a bordo; Valencia temblaba con las mascletás y crepitaba en la Nit del Foc, pero lo veía en la TV de casa, y no en el atestado comedor del GdC; llegaba la Primavera y yo lo celebraba paseando por la ribera del Ebro a su paso por Zaragoza, y no entre la mar y el cielo.

Hoy escribo esto mientras a mi lado espera el equipaje, listo para que dentro de apenas cuatro horas embarque en un tren en el que despertaré ya en tierras gallegas. Un mes y medio después de la inicial fecha de embarque, -dos meses y medio después de que lo permita el Convenio- la tripulación del GdC confluye desde los cuatro puntos cardinales hacia su hogar común, que este año se ha desplazado desde su inmemorial acomodo en Vigo hasta Marín, que puede estar muy cerca –una ría más al norte-, o muy lejos si los temporales que ya asoman en los mapas de previsión meteorológica siguen el curso previsto y nos encajonan en ese puerto ignoto.

Las razones de que se haya retrasado tanto la reactivación del GdC como plataforma multipropósito para la actividad oceanográfica son bien conocidas por la tripulación, tan conocidas como cansinas y mareantes. Para explicarlo en pocas palabras, prefiero utilizar el símil de la Real Academia Española, no sé si saben a lo que me refiero: cuando ya llevamos en la calle años utilizando un vocablo nuevo, o una nueva acepción de otro ya reconocido, entonces, después de sesudos razonamientos –que no sé si conseguiría llegar a leer completamente aunque me los pusieran delante de los ojos- la RAE llega a la conclusión de que quizá fuera necesario incluir dicho vocablo o nueva acepción en el diccionario… Pues eso.

La verdad es que las consecuencias negativas de semejante retraso quedan mitigadas por la coyuntura de falta de financiación para proyectos científicos. Los números cantan: de los doscientos cuarenta días de disponibilidad del barco para trabajos científicos, sólo tenemos cubiertos cuarenta, aproximadamente, menos del 19% de ocupación. Preocupante, ¿no?

Pero ¡pelillos a la mar! Vivamos el momento, disfrutemos de la vida en la mar, y ya hablaremos.