Con dos orejas y el rabo

Pinceladas cortas y vigorosas

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Coliflor Gratinada con Bechamel

 

Salchichas al Ajillo, con Patatas Fritas

 

Crema Fría de Calabacín

 

Salmón a la Plancha con Espárragos y salsa de Yogur

 

Sujeto al fondo marino a través de una cadena que se pierde en el azul intenso, el GdC cabecea y se retuerce como si se rebelara contra su atadura. Las nubes irrumpen desde más allá del fuerte Sidi Salem y atraviesan vertiginosamente nuestro arco visible del cielo, empujadas por el mismo viento que rompe las olas apenas se forman en la misma orilla de Bizerta, la ciudad tunecina en cuya bahía hemos venido a refugiarnos. Nos sentimos doblemente acorralados: por un fortísimo viento del SW –más de 70 km/h se puede considerar fortísimo, ¿no?- al que le aguantamos el pulso durante unas horas, y por la negativa del agente consignatario con el que se había contactado a actuar como tal para el GdC.

 

La sabiduría acumulada durante años de navegación -el árbol más robusto cruje y se troncha ante la tempestad, mientras el flexible junco se flexiona acomodándose al temporal- aconsejó dejar de guerrear y aceptar una retirada estratégica antes de que el cansancio del personal o del material se hicieran notar. No cabe duda de que la cuestión será más fácil de entender para quien haya trabajado en un barco de las características del GdC. Por eso la mayoría de científicos responsables de diseñar campañas oceanográficas tiene en cuenta estas circunstancias a la hora de prever cuántos días de trabajo efectivo podrán realizarse respecto al total de días contratados. Confiemos en que GEOMARGEN haya sido precavido con eso de valorar la posibilidad de que el barco pierda tiempo de trabajo navegando en estas aguas que no paran quietas ni un momento -para pena de los que estamos a bordo- y que a menudo se ponen insoportables -para hartazgo de los que estamos a bordo y desesperación de los diseñadores de GEOMARGEN-.

 

Volvemos a navegar, y vuelven las sondas a escudriñar el fondo marino, con las tres personas de turno sentadas en un extremo del laboratorio, junto a las pantallas donde se puede contemplar cómo se va descubriendo lo que hay a cientos de metros por debajo de la quilla del GdC. En la esquina de estribor, una pantalla muestra en multicolor la orografía del fondo a medida que el barco pasa por encima de ella, como si llevásemos un ojo sumergido justo en la popa, que viera lo que se va dejando atrás de la misma manera que un pasajero sentado de espaldas a la marcha del tren sólo puede ver cómo se van alejando paisajes, pueblos, sonidos que se van oyendo más graves a medida que se alejan; en otra pantalla se puede ver la representación virtual del multihaz brillando al atravesar la negrura de la columna de agua, como si fuera la luz que ilumina al técnico de la compañía eléctrica momentos antes de ser protagonista de un encuentro en la segunda fase, en algún lugar del medio oeste americano; por último, en la pantalla de la sonda paramétrica se aprecia lo que podría ser una muestra de las pinceladas cortas y vigorosas de Monet, o del postimpresionismo de Van Gogh. Entre todas esas pinceladas multicolores, fruto del ruido electrónico producido por la vibración del poste donde va colocado el transductor de la paramétrica –entre otras cosas-, una tenue línea marca el contorno del fondo marino, a partir de la cual se penetra en el subsuelo, quedando los datos sobre su estructura enmascarados entre el ruido polícromo. A bordo, Marcelí realiza un primer control de calidad de los datos conseguidos, pero no será hasta que éstos sean enviados al CMIMA en Barcelona cuando Susana, de la UTM, los procese y deje listos para que los científicos saquen provecho de ellos.

 

En el puente la conexión por satélite vuelve a pronosticar la llegada de mal tiempo –y van…- A través de Mohamed, científico tunecino embarcado como observador, se ha conseguido contactar con un nuevo agente en Bizerta, así que ya nos vemos de nuevo fondeados en la bahía en la que estábamos hace veinticuatro horas, esperando a poder atracar para aprovisionarnos –qué he hecho yo para merecerme esto- y para que Claudio pueda por fin desembarcar –cuatro días más tarde de lo inicialmente previsto, al parecer-, demasiado tarde para que pueda hacer frente a otros compromisos. Esta campaña está siendo muuuy exigente, pero en peores plazas ha toreado el GdC y sus alegres tripulantes, y de esta vamos a salir por la puerta grande, con las dos orejas y el rabo. ¡Digo!

 

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Cagliari o Cagliari

Los cinco metros cuadrados de Túnez hollados por el GdC

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Ensalada con Conservas de Pescado y Vinagreta de Limón

Sepia con Guisantes

Gazpacho

Pavo en Salsa de Tomate, con Patatas Fritas

Los minaretes se destacaban por encima de los tinglados del puerto, pero no nos llegaba la llamada al rezo del munathen. Aunque el viento hubiera llevado hasta nosotros su canto, quizá no le hubiéramos prestado atención, concentrados como estábamos en atender a las autoridades portuarias que se obstinaban por encontrar, rebuscando en cada rincón del barco, alcohol destilado, tabaco y drogas.

Habíamos llegado a Túnez.

Mientras esperábamos que la inspección portuaria decidiera si todo estaba en orden, las personas que debían desembarcar –Sergi, del proyecto, y Vicente, tripulante- se comían las uñas mirando una y otra vez el reloj, temiendo que al final tanto retraso les hiciera perder el vuelo. Traumático, tras haberse visto obligados a cambiar los billetes que tenían para el día anterior al permanecer el barco anclado en las cercanías del puerto, esperando el permiso para entrar. Veinticuatro horas viendo pasar los aviones por encima de nuestras cabezas en la maniobra de aproximación, y Vicente esperando que el parto de su primer hijo no se adelantase a la fecha prevista.

Al parecer, cuando se diseñó el plan de campaña, el proyecto pensó en Bizerta, algo más al norte que el de La Golette -el puerto exterior de Túnez- como lugar para realizar intercambio de personal y aprovisionamiento del barco. Lástima que anexo al pensamiento de atracar en Bizerta no fuera el de realizar las gestiones administrativas necesarias para conseguir que ello fuera posible, sobre todo teniendo en cuenta de que Bizerta es un puerto militar y una terminal privada de contenedores.

Por lo tanto, mientras no se culmine el dichoso proceso administrativo –que la Fuerza nos acompañe, por si acaso- el puerto de referencia en el sur de la zona de trabajo será Túnez, pese a quien pese. Algunas horas en Túnez, una bonita demostración de la actividad de la inspección marítima de aquel país mientras los charrancitos comunes –Sternula albifrons- pescan en la dársena, una pequeña provisión traída hasta el barco en bolsas de basura como si fueran fruto de un desahucio repentino, y otra vez a navegar hacia la zona de trabajo. De la jornada en el paraíso tunecino, lo único que realmente fue positivo fue que final mente los que tenían que volver a casa pudieron hacerlo, que no es poco. Para el recuerdo, una foto pisando suelo tunecino, quizá no la última.

Tras Túnez, unas horas de pespunte al traje que estamos confeccionando sobre la carta, y a buscar rápidamente refugio en Cagliari, con los vientos de NW soplando duro. Hubo algunos momentos, durante la madrugada, en que los balances que tomaba el barco me hacían reposar sobre el mamparo en vez de hacerlo sobre el colchón. Si la secuencia hubiera sido filmada sin otra referencia espacial, hubiera parecido que había sido poseído por algún demonio aficionado a la náutica deportiva.

En Cagliari, carabinieri sonrientes y amables, libertad de movimiento inmediato, provisión exquisita –pero cara: ya se sabe, es salir de casa y no dejar de abrir la cartera-, paseos por las calles empinadas de la ciudad vieja y por las pistas planas que circundan las salinas, y para rematar, inmersión en el arte culinario sardo, entre frituras de pescado y pizzas embadurnadas de verdad.

De nuevo a navegar, hilvanando la puntada que dejamos a medias, ahora sin Susanna -aunque sus risas aún resuenan por los pasillos-.

Que quede claro. De verdad, si nos preguntan, sinceramente: Cagliari o Cagliari.

Dátiles amargos

Mar de proaMenú

Tabulé

Chuleta de Cerdo Agridulce, con Tomates Fritos y Rollo de Primavera

Ensalada de Mozarella di Bufala y Nueces

Lenguado Frito con Espinacas al Romesco

Alrededor del GdC –el otro día el amigo Pere Puig, del CMIMA, me recordaba que el acróstico fue creado por el Dr. Nittrouer, estadounidense con el que estuvimos trabajando hace años en el Adriático (ya sabemos lo aficionados que son en USA a los acrósticos)- la mar se comporta como un ser bipolar, mandando hacia el barco oleadas simultáneas desde diferentes direcciones, a veces desde puntos cardinales opuestos, creándose resonancias y amortiguaciones que hacen inútil cualquier intento de prever cuál será el siguiente bandazo.

Así andamos desde que salimos de Cagliari, sin un momento de respiro, a veces machacando nuestras articulaciones mientras intentamos hacer el trabajo razonablemente bien; otras, rodando por el estrecho margen de la litera como si fuéramos masa de croquetas sobre una cama de pan rallado.

La cuestión, paradójicamente, es que los aparatos de los que depende que esta campaña llegue a buen término –que son, por orden jerárquico, la Máquina del barco, la sonda multihaz y la sonda paramétrica- no sufren significativamente la pérfida influencia de esta mar rebelde… bueno, la paramétrica sí que muestra un nivel de “ruido” algo mayor del que sería deseable, pero dicho “ruido” electrónico –que en la pantalla de control se traduce en un jaspeado en tonos azules, la mar de mono- no desmerece el resultado final, plasmado en un mapa tridimensional en el que se representa el fondo marino como en el ordenador del navegante de una nave espacial en maniobra de aproximación a un planeta desconocido. En él se ven perfectamente unos hoyuelos que son, en realidad, los socavones de 300 m de diámetro por 30 m de profundidad a los que se aludía en el post anterior.

O sea, que tenemos la sonda multihaz trabajando a 50 khz, con la que se dibuja con exactitud pasmosa y tridimensional la orografía del fondo marino; por otro, la sonda paramétrica, que emitiendo a 4 khz penetra hasta 10 m de subsuelo, detectando las estructuras asociadas a la presencia de emanaciones de gas; y, finalmente, el procesamiento de los datos de ambas sondas, conjuntándolos para crear la imagen final, esa que se parece a una consola espacial.

Mientras tanto las reinas de esta mar, las pardelas cenicientas –Calonectris diomedea- no dejan de seguirnos durante horas, días, en una aparente actitud de despreocupación total, de volar por volar, sin apenas interés por los desechos orgánicos que vamos dejando por la popa, pero sobrevolando con actitud depredadora los cebos de los currys que se siguen largando atávicamente por la popa, por si los atunes. ¡Tch!

Las pardelas, el GdC, las Velella velella –pequeños cndarios que viajan propulsados por su vela transparente-, algún barco que se acerca a nosotros rodeándonos prudentemente, como si temiera nuestra actitud sospechosa, nuestro deambular lento pero empecinado… y la mar, cambiante con el viento, con las horas, con los ojos. Este es el universo en el que nos movemos, esperando que podamos entrar en Túnez para que Sergi, científico del proyecto, se desembarque, y para que Vicente, compañero de la Máquina del GdC, pueda llegar a tiempo para asistir al nacimiento de su hijo. Pero Túnez es un puerto turístico frecuentado por muchos cruceros, y parece que las autoridades portuarias están desbordadas por la entrada de varios de ellos, así que tendremos que esperar.

Sería una lástima que Vicente no llegara a tiempo para asistir en el parto. Juro que si eso ocurre no volveré a comer nunca más dátiles tunecinos: siempre me sabrán amargos.

¡Qué caramba!

Los flamencos vuelven a casa

Los flamencos vuelven a casa

 

¡Qué caramba!”

 

Ensalada de Arroz

 

Rosada a la Plancha con Espárragos y Salsa de Verduras Picante

 

Sopa de Pescado

 

Berenjena Rellena, con Tomates Salteados

 

Con cierto retraso –ciento cuatro días de nada- ha comenzado la campaña del proyecto GEOMARGEN, encaminada a constatar la presencia de signos que hagan sospechar escapes de fluidos gaseosos en el subsuelo del área comprendida entre el sur de Cerdeña y las costas de Túnez. El proyecto es liderado por el Dr. César Rodríguez Ranero, del Centro Mediterráneo de Estudios Marinos y Ambientales (CMIMA).

 

Ciento cuatro días de retraso ha llevado conseguir el preceptivo permiso de las autoridades tunecinas para poder trabajar en sus aguas. ¿Se pidió dicho permiso demasiado tarde? ¿Es lo que se tarda normalmente en conseguir dicha documentación? ¿Es semejante retraso fruto de la conjunción de los dos supuestos anteriores? Creo que nadie a bordo tiene la respuesta. Lo cierto es que el barco estaba listo para operar en la fecha prevista, a finales de Enero, y que si bien durante este tiempo se ha podido cumplir con el compromiso contraído con otro proyecto –la última campaña del proyecto DOSMARES-, no es menos cierto que ese lapso de inactividad ha puesto en jaque a la tripulación, con una incertidumbre que ha ido creciendo a medida que llegaban al barco noticias contradictorias.

 

Pero lo único que acaba importando es la realidad, y ella dictó que era la hora, no de trabajar –porque a bordo se trabaja todos los días, sábados, domingos y festivos incluidos- sino de aprender. Aprender técnicas desconocidas para el GdC, como la sonda paramétrica; aprender cómo la emanación de gas a través del subsuelo hasta la superficie del fondo marino crea en ésta unos socabones que pueden llegar a tener 300m. de diámetro y 30m. de profundidad.

 

También fue la hora de disfrutar de Cagliari, de sus callejas que ascienden arrastrando con ellas a las trattorie que las jalonan; de un paseo hasta el Parque Regional Molentargius Saline, cuyas salinas y lagunas son pobladas por miriadas de aves marinas y acuáticas, sobre todo flamencos, gaviotas picofinas, charranes, cigüeñuelas, avocetas y diferentes palmípedas.

 

Susana, llegando por avión desde Barcelona para embarcarse en la campaña, recuerda la impresión que le produjo ver todas esas montañas salvajes, aparentemente deshabitadas, mientras el avión iniciaba la maniobra de aterrizaje. Mientras, el GdC se aproximaba con mucha más parsimonia al puerto de Cagliari., y la vista de las montañas y los acantilados donde mueren, que me recordaban a la costa occidental de Mallorca, mi opinión coincide con la suya.

 

Por delante, cuarenta y tantos días recorriendo un cuadrilátero como si fuéramos un boxeador con complejo de inferioridad. Seamos sinceros: no será ésta la campaña que más información y anécdotas científicas pueda aportar a este diario, pero ¡qué caramba!, siempre nos quedarán las aves, los cetáceos y toda la vida diversa que se agazapa detrás de cada ola, sin olvidar las nubes y los vientos que las arrastran y las empujan y, sobre todo, no saber qué pasará mañana…

 

 

DEFCON3 y pico

El horizonte actual desde el GdC

El horizonte actual desde el GdC

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Vinagreta de Legumbres

Cabezada de Lomo a la Plancha, con Patatitas y all i oli

Ensalada verde

Rosada al Gusto

Como me gustan tanto los relatos de ciencia ficción habré leído docenas de historias que tratan sobre la existencia de universos paralelos. En ellas el protagonista viaja en el tiempo, atravesando los límites de una realidad y entrando en otra como Pedro por su casa. Vive mil aventuras enfrentándose a paradojas tales como la de no poder impedir que su madre se enamore de él y deje de fijarse en el que debería ser su padre en la realidad de la que procede, y cosas por el estilo.

A mí me ayuda semejante afecto a la fantasía; a otro tripulante será la meditación o la afición al tabaco de liar. Lo cierto es que la experiencia acumulada por la tripulación en tantos años, en tantas campañas es un antídoto ante la perplejidad que podría producirnos la situación en la que se encuentra el GdC.

De verdad que no exagero. Hoy es día 3 de Mayo, segunda fecha prevista para comenzar la campaña GEOMARGEN, después de no haber podido iniciarla en la primera fecha prevista,  el 29 de Enero. GEOMARGEN debería llevarnos a navegar por las aguas comprendidas entre el extremo meridional de la isla de Cerdeña y la punta septentrional de Túnez, realizando prospecciones con instrumentación sismológica. Pero hoy es 3 de Mayo, insisto, y el barco sigue sólidamente amarrado en nuestro atraque habitual del muelle España, puerto de Barcelona, detrás del Acuario de Maremágnum.

Como si fuera a una margarita de hojas plomizas, el devenir de las cosas –la recepción de los preceptivos permisos para trabajar en aguas tunecinas, me refiero- ha ido deshojando las posibilidades de salir a navegar con rumbo ESE, al menos hasta ahora, haciendo que cada nuevo pétalo arrancado –ahora sí se hace la campaña, ahora no- produjera una reverberación que ha acabado provocando una jaqueca a más de uno, y una generosa dosis de hastío a la mayoría.

Pero el universo del GdC, que es particular, es capaz de deformarse hacia un lado tanto como hacia el opuesto: hace una semana estábamos en DEFCON5, o sea, desmovilizados; ahora mismo estamos en DEFCON3 y pico, lo que significa que nos vamos preparando sin prisas pero sin pausas  por si tocan a arrebato, pero que seguimos medicándonos con ansiolíticos para soportar mejor la espera. Porque me temo que aún nos queda que pasar hasta que lleguemos a DEFCON1, que es cuando arrancamos el motor principal y el oficial de guardia pregunta si estamos todos a bordo antes de mandar embarcar la pasarela. Bueno, para ser exactos, ahora debemos estar en DEFCON3 pelado, si tenemos en cuenta que el lunes saldremos a comprobar el buen funcionamiento de la sonda multihaz, que es lo más cercano a llevar un submarino cerca del fondo, guiando al GdC, pero sin llevarlo: pura Acústica avanzada, indispensable en los trabajos de Sísmica.

Personalmente, espero que dicho vía crucis pase pronto y pueda volver a las cosas que realmente me gustan, que es mirar hacia el horizonte y ensimismarme con un punto móvil mientras intento averiguar por su forma de aleteo si es una gaviota o un págalo, y después explicarlo en el comedor, y luego en estas páginas. Porque si bien es verdad que está muy bien eso del dolce fare niente no lo es menos que a la larga todo empacha, y que el estado natural del marino es hallarse en la mar, pensando en cuándo podrá volver a casa, y no al revés.