Pelillos a la mar… de nuevo

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Como si del fluido de una clepsidra se tratara, los acontecimientos discurrían marcando el paso del tiempo. Pero algo raro estaba pasando. Los carnavales de Cádiz eligieron como mejor chirigota la desternillante parodia de un Gobierno dicharachero y sinvergüenza, pero me reía en casa y no a bordo; se juntó la familia para celebrar que mi hijo cumplía 15 años, y yo estaba entre ellos, y no a bordo; Valencia temblaba con las mascletás y crepitaba en la Nit del Foc, pero lo veía en la TV de casa, y no en el atestado comedor del GdC; llegaba la Primavera y yo lo celebraba paseando por la ribera del Ebro a su paso por Zaragoza, y no entre la mar y el cielo.

Hoy escribo esto mientras a mi lado espera el equipaje, listo para que dentro de apenas cuatro horas embarque en un tren en el que despertaré ya en tierras gallegas. Un mes y medio después de la inicial fecha de embarque, -dos meses y medio después de que lo permita el Convenio- la tripulación del GdC confluye desde los cuatro puntos cardinales hacia su hogar común, que este año se ha desplazado desde su inmemorial acomodo en Vigo hasta Marín, que puede estar muy cerca –una ría más al norte-, o muy lejos si los temporales que ya asoman en los mapas de previsión meteorológica siguen el curso previsto y nos encajonan en ese puerto ignoto.

Las razones de que se haya retrasado tanto la reactivación del GdC como plataforma multipropósito para la actividad oceanográfica son bien conocidas por la tripulación, tan conocidas como cansinas y mareantes. Para explicarlo en pocas palabras, prefiero utilizar el símil de la Real Academia Española, no sé si saben a lo que me refiero: cuando ya llevamos en la calle años utilizando un vocablo nuevo, o una nueva acepción de otro ya reconocido, entonces, después de sesudos razonamientos –que no sé si conseguiría llegar a leer completamente aunque me los pusieran delante de los ojos- la RAE llega a la conclusión de que quizá fuera necesario incluir dicho vocablo o nueva acepción en el diccionario… Pues eso.

La verdad es que las consecuencias negativas de semejante retraso quedan mitigadas por la coyuntura de falta de financiación para proyectos científicos. Los números cantan: de los doscientos cuarenta días de disponibilidad del barco para trabajos científicos, sólo tenemos cubiertos cuarenta, aproximadamente, menos del 19% de ocupación. Preocupante, ¿no?

Pero ¡pelillos a la mar! Vivamos el momento, disfrutemos de la vida en la mar, y ya hablaremos.

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