EL HÉROE MÁS PEQUEÑO DEL MUNDO

Jugando con la microbiota

Jugando con la microbiota

Lentejas Estofadas, Merluza en Salsa Verde con Pleorotus y Ajetes, Crema de Calabacín y Jengibre, Entrecotte con Tomates Fritos, Patatas y All i Oli

He cocinado para ovolactovegetarianos, para veganos y para carnívoros obsesivos; he cocinado para omnívoros radicales y para raros especímenes cuya lista de alimentos desagradables superaba con creces a la de los gratos; he cocinado para comensales que acudían al comedor como si se encaminaran al patíbulo, como si el castigo divino –qué majete, el creador, qué buen rollo- no fuese el tener que ganar el pan con el sudor de la frente –no el de las axilas ni el del espinazo, no… el de la frente-, sino el de tener que nutrirse ingiriendo alimentos por la boca y teniéndolos que masticar una y otra vez, machaconamente, hasta poder deglutirlos sin que provoquen la asfixia; he cocinado para bon vivant de mirada alegre y gesto ilusionado, siempre dispuestos a probarlo todo y con una predisposición natural a encontrar aspectos positivos al plato servido, cumplidores de la ceremonia civilizada de acercarse a la ventana de la cocina con una sonrisa y exclamar un “gracias, estaba todo buenísimo”, quizás ignorantes del efecto placenteramente sedante que dichas palabras producen en los que trabajamos en la cocina…

Para quien no había cocinado nunca era para una comunidad de microorganismos, y llevo veintitrés años cocinando en el GdC…

No lo había hecho… hasta hoy.

“Receta de cremita para microorganismos marinos”

1. Cójanse 30 litros de agua extraída a 60 metros de profundidad –o de donde quiera que se encuentre el máximo de clorofila profundo (DCM) en ese momento- y fíltrense convenientemente, de tal manera que quede en el filtro toda la sustancia, o sea, toda la microbiota.
2. Introdúzcase el filtro en una botella pirex con un par de cucharadas de agua, y llévese a ebullición, dejándola en cocción durante una hora, aproximadamente.
3. El producto resultante será una cremita que quita el hipo a los heterótrofos microscópicos, rica en material orgánico del que se alimentan.

Porque de eso va el experimento que han estado realizando los científicos de MEDIMAX durante las últimas horas: estudiar las comunidades de microorganismos presentes en el DCM en diferentes escenarios, desde la penuria alimenticia a la gula desenfrenada. Los organismos autótrofos producen materia orgánica gracias al proceso de la fotosíntesis, aprovechando la energía contenida en la luz. Una buena parte de esa materia creada se utiliza para que el microorganismo prospere; el resto la excreta, no se sabe por qué (¿por mantener la esbeltez, me pregunto?). Esa materia excretada es la que utilizan los microorganismos heterótrofos como alimento. Nosotros somos un ejemplo palmario de organismo heterótrofo: o nos comemos la materia orgánica excretada por otros organismos (leche, frutas, miel, cereales, legumbres…), o a los organismos mismos. Es eso o morir.

Así que los científicos de MEDIMAX cogen unas muestras de los microorganismos que viven en torno a la profundidad del DCM y las colocan en diferentes botellas herméticamente cerradas, que son sumergidas a la profundidad en la que fueron capturados. Cada botella se convierte en un universo en el que se suponen diferentes situaciones, simplemente añadiendo más o menos concentración de la cremita para heterótrofos y variando la incidencia lumínica mediante obturaciones con plástico negro, emulando momentos en los que la producción primaria de los autótrofos está por debajo de lo normal, en el nivel medio, o por encima de la producción normal. Dichas variaciones pueden deberse a cambios en el medio ambiente (temperatura, aporte de materia inorgánica desde el fondo marino, aporte lumínico, turbidez del agua, etc.)

Uno de los microorganismos estudiados es la bacteria Actinomarina minuta, el organismo vivo más pequeño que se conoce: su longitud no supera los 0,29 µm, o sea, una tercera parte de una milésima de milímetro… sí, la verdad es que cuesta un poco hacerse la idea de sus dimensiones: la mayoría de bacterias miden entre 3 y 30 veces más.

Esta bacteria heterótrofa, además de ser peculiarmente pequeña, presenta otras particularidades, como la posibilidad que tiene de consumir materia orgánica utilizando energía lumínica capturada por un pigmento fotosensible, la rodopsina (pigmento relacionado, también, con la parte del proceso de la visión que se ejecuta en la retina.

Una vez finalizado el tiempo de incubación de los cultivos, las botellas son recuperadas y su contenido analizado. Cada bacteria reacciona a un tinte específico, de manera que bajo la microscopía de fluorescencia se pueden realizar conteos de cada especie de bacteria, y comprobar cuál de ellas ha medrado en las condiciones impuestas en su botella, y cuál ha sucumbido.

Los científicos de MEDIMAX siguen extrayendo agua como si quisieran compensar el aumento del nivel del mar por el deshielo de los polos…

Los mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) siguen a bordo, desinsectando el barco sin pedir nada a cambio… ni falta que les hace…

Yo sigo buscando aves marinas: hoy he visto cuatro pardelas cenicientas (Calonectris diomedea), y casi lloro de la emoción…

La tripulación sigue con sus quehaceres habituales de apoyo a los científicos y de mantenimiento del barco…

Y, por debajo de la superficie, el ecosistema más importante del mundo, hogar de Actinomarina minuta, el héroe más pequeño del mundo, sigue con su hercúlea tarea.

MEDIMAX Y LOS EXTRAÑOS HALLAZGOS

Extraños hallazgos

Extraños hallazgos. Foto: Van Rap

Macarrones boloñesa, Tortilla de Queso con Rollitos de Primavera, Ensalada de Tomate, Marmitako

El GdC se ha comportado en Alicante como lo hubiera hecho un containero en una terminal con grandes medios de manipulación, como la de Algeciras, por ejemplo: en tres horas volvíamos a la mar, con los científicos embarcados montando a toda prisa el laboratorio en el que, durante apenas cuatro días, van a muestrear más de tres toneladas de agua de mar, tomadas a diferentes profundidades, desde la superficie hasta los 2500 metros.
MEDIMAX –que no MADIMAX, como erróneamente escribí en la anterior entrada (gracias, Anne, por la involuntaria ayuda)- es un proyecto liderado por Francisco Rodríguez-Valera, del Departamento de Producción Vegetal y Microbiología de la Universidad Miguel Hernández, de Alicante. El proyecto estudia el máximo de clorofila profundo del Mediterráneo. Creo que vale la pena explicar un poco cuál es el objetivo de este proyecto:
El máximo de clorofila profundo es el hábitat de la Tierra más importante. Es la región de la columna de agua en la que se concentra los niveles máximos de producción primaria (producción realizada por la fotosíntesis) y de absorción de CO2. Estas características se ven favorecidas por la relativa calma de la zona, sin el hidrodinamismo de la superficie, lo cual permite a los microorganismos formar comunidades mucho más estables que las de la superficie. MEDIMAX busca descifrar la biología de la microbiota presente en esa zona de la columna de agua, incluidos los virus.
El GdC y el técnico de la UTM presente a bordo van a extraer para MEDIMAX 200 litros de agua cada diez metros de profundidad, desde la superficie hasta los 100 metros, en un punto situado a 13 millas mar adentro de la isla de Tabarca, sobre la plataforma continental. En otro punto, situado a unas 44 millas del primero y en el mismo eje, se extraerán 1000 litros más de agua, también a diferentes profundidades.
Es muy común que los proyectos que estudian la producción primaria y la microbiota de la columna de agua extraigan grandes cantidades de agua que filtran después en el laboratorio de a bordo. Esta vez, sin embargo, utilizan un método que no recuerdo haberlo visto antes en el GdC. El CTD, instrumento de investigación oceanográfica que recopila en tiempo real los valores de temperatura, salinidad, turbidez, etc., lleva incorporada una roseta de botellas que, accionadas por control remoto, permiten capturar agua a la profundidad deseada. Una vez a bordo, los científicos se afanan – como si fueran ordeñadores de vacas sentados sobre sus típicos taburetes- en recoger esa agua en bidones identificados para cada profundidad. Esos bidones son llevados al laboratorio de a bordo para su filtrado. Pero MEDIMAX filtra inmediatamente el agua, antes de introducirla en los bidones, mediante unos aparatosos filtros que acarrean hasta los pies del CTD. No he podido refrenarme y he preguntado el por qué de ese procedimiento. Al parecer, se trata de extraer cuanto antes los microorganismos presentes en la muestra de agua para poder trabajar con su ADN.
Tras una noche de lluvia intensa, que dejó al GdC baldeado como para el paseo dominical, el día ha sido luminoso, con la mar pícaramente juguetona, con el gesto travieso justo para hacerse notar, pero sin llegar a tener que regañarla. Ausentes la aves marinas –esperaba poder observar, al menos, ejemplares de Larus audouinii (gaviota de Audouin, con su pico rojo intenso surcado por unos tiznes negros) y Puffinus mauretanicus (pardela balear, de aleteo nervioso y tripa blancuzca, como manchada de aceite)-, me dediqué a buscar entre los rincones de la cubierta aves migradoras que estuvieran usando el barco como oasis móvil en su camino hacia África, siguiendo a los insectos también migradores, sin los cuales no pueden sobrevivir. Sin embargo, con quien me encontré fue con una lavandera blanca (Motacilla alba), con su librea invernal, atiborrándose de mariposas que revoloteaban por el barco en una parada de su épico viaje hacia el sur. Fue un extraño hallazgo, porque las poblaciones de lavanderas blancas de la Península no migran, quizás porque durante el invierno son capaces de encontrar dietas sustitutivas a la insectívora, quizás porque los insectos de los que se alimentan tampoco emigran…
Pero, para hallazgo extraño, el de dos enormes grúas embarcadas en una plataforma remolcada con las que nos cruzamos mientras nos acercábamos al lugar de trabajo. A lo lejos, parecían flotar con una magia emanada de las profundidades.