ARGON PRECAVIDO

Rorschach de Iberia

Rorschach ibérico

Ensalada de Arroz, Fritura de Dorada y Merluza, Sopa de Legumbres y Pasta Integral, Brocheta de Ternera con Pimiento Frito y Rollito de Primavera

No sé que habrán visto los demás a bordo: yo, la Península Ibérica en un futuro lejano, con el Mediterráneo convertido en un mar muerto al cerrarse el Estrecho de Gibraltar y fusionarse Europa y África. A ver cómo se lo montaba entonces FRONTEX para controlar sus archidemocráticas fronteras… si es que todavía existe FRONTEX, Europa y la especie Homo sapiens. Para que mi interpretación de este test de Rorschach se haga realidad, primero tenemos que pasar por el calentamiento global, la fusión de gran parte de los hielos polares, el aumento del nivel del mar, y llegar a una nueva era glacial en la que los hielos secuestren tanta agua que el suelo del Estrecho surja por encima del nivel del mar y, se convierta en un muro inexpugnable para el intercambio de aguas con el Atlántico.

En la foto no lo parece –qué difícil es mostrar la mala mar si no es a base de rociones en la proa, horizontes absurdamente inclinados y la mar entrando por el costado como si al GdC le quedaran minutos-, pero, tal como estaba previsto, la calma que hemos disfrutado durante estos días, y que tanto ha ayudado a que el muestreo y trabajo del laboratorio fuera llevadero, ha ido dejando paso a una pequeña muestra de la que se debe estar montando en el Golfo de León y el mar de Liguria. En el laboratorio las caras han ido cambiando, y en el comedor se han notado las ausencias.

Navegamos por el Jónico con rumbo SW, bajo cierta protección de las costas calabresas. De madrugada la cosa empeorará mientras atravesamos el Estrecho de Mesina. La buena noticia es que al otro lado del Estrecho está Catania, donde todos podremos recuperarnos del cansancio de la noche, durmiendo o caminando por  Catania.

¿Y si me voy a pajarear por las faldas del Etna? Hmmm…

201502 GEOMARGEN

Recuperando un sismógrafo

Recuperando un sismógrafo

A mediados de Febrero de 2015 el GdC estuvo recuperando los sismógrafos OBS que el proyecto GEOMARGEN había fondeado, también desde nuestra cubierta, durante Octubre de 2014, en aguas a levante de las islas de Fuerteventura y Lanzarote, no lejos de los puntos de prospecciones petrolíferas realizadas por REPSOL en la zona.

REPSOL decidió en Enero que no seguiría realizando prospecciones en esa zona ni en las otras dos para las que había recibido la concesión gubernativa, ya que la calidad y cantidad de gas y petróleo encontrado no hacían rentable su explotación. Las expectativas de éxito iniciales del proyecto eran del 15 – 20%. Según ciertos accionistas de REPSOL -Caixabanc, Sacyr («El País», 16.01.15)-, la petrolera tenía menos interés que el Ministerio de Industria en que se realizaran dichas prospecciones.

Pinchando en el siguiente enlace https://www.flickr.com/photos/van_rap/sets/72157651038217339/ se accede al álbum de fotos realizadas durante la recuperación de los OBS. En ella se observa una mar limpia y una costa indemne… por ahora.

Islas entre nubes

Morena al ajilloSpaghetti a la Putanesca de Anchoas y Salmón Marinado, Jureles a la Plancha, Sopa de Pescado, Marisco y Algas con Tamari y Wasabi, Cabezada de Cerdo con Patatas al Horno y Mojo Verde.
En el puerto, torres dignas de Eiffel, barcos de corazones muertos y otros que rugen con la soberbia de quien se supone inmortal, tinglados del CLAH –Centro Logístico de Ayuda Humanitaria- medio vacíos de ayuda humanitaria quién sabe si por falta de humanidad o por tanta solicitud de ayuda… y los Carnavales, admitidos –si no ideados- a regañadientes por la jerarquía católica por ver así se aceptaban mejor los cilicios, la abstinencia, la autoinculpación…
… Y en la mar, la inmensidad de un océano que accede a ser benevolente mientras esperamos en su superficie a poder recuperar los instrumentos fondeados hace tres meses.
Siempre que me lo permite mi trabajo en la cocina salgo a cubierta con mi cámara y mis prismáticos, incluso cuando voy a tocar un rato el saxo en la cubierta de proa, la atalaya desde la que realizo los avistamientos. Reconozco lo estrambótico de la imagen, con la funda del saxo en una mano, la de la cámara en la otra, y una lata de agua mineral con gas abultando en mi bolsillo como lo haría el de un cleptómano al salir de unos grandes almacenes, mi última adquisición en lo que a vicios respecta: si toco el saxo, mi lata de agua mineral con gas debe permanecer a mano… rarezas propias de los de mi edad.
Pero es que, como diría el mismísimo Jack Aubrey a bordo de la “Surprise”…” ¡no hay un minuto que perder!”. No hay que desperdiciar el tiempo en la mar. Hay mucha belleza a contemplar y muchas sorpresas de las que maravillarse, y muy pocas millas a navegar a través de un calendario que se transparenta al contraluz de tanta reforma estructural y tanto recorte del gasto público.
Así que toco de oído “Blackbird” como si quisiera hacerle una segunda voz a McCartney mientras contemplo la mar y el cielo y descubro apenas el embozo de todos los secretos que atesoran.
Junto al GdC pasan unos barquitos de pesca artesanal, no sé apreciar si van al palangre –aunque no recuerdo haber visto las boyas con que marcan los extremos del arte, desde las que lo halan al final de la jornada-, o al curry, arrastrando cerca de la superficie líneas con anzuelos enmascarados en señuelos que atraen al depredador.
A lo lejos, quizás a una milla de distancia, dos rorcuales –Balaenoptera physalus– salen a respirar con la cadencia que da la despreocupación y el dolce fare niente. Siempre es emocionante ver estos animales, aunque sea en la distancia, verdaderos reyes del océano sólo temerosos de que las orcas pudieran arrebatarles sus retoños. Ni siquiera el hombre, mientras las perseguía con botes a remo, significaba un riesgo para la especie. Pero el hombre construyó grandes veleros, Jerónimo de Ayanz patentó la primera máquina de vapor moderna, y Fulton la aplicó con definitivo éxito a un barco, y entonces la vida de los rorcuales y de todos los grandes cetáceos se convirtió en una pesadilla.
Ver a los alcatraces –Morus bassanus– zambullirse desde decenas de metros de altura, cayendo como proyectiles balísticos, pone los pelos de punta. Los adultos, de un blanco inmaculado salvo las puntas de las alas, que son negras, y la cabeza, coloreada con un tono crema claro, obtienen recompensa más frecuentemente que los ejemplares jóvenes, en los que según la edad, el negro y el blanco predominan más o menos. Volando tienen la majestuosidad de un cazabombardero, sobre todo cuando vuelan en formación, siguiéndose unos a los otros linealmente. Sus cuellos y su cabeza están almohadillados para soportar el impacto contra el agua, y sus ojos miran hacia adelante, como buen depredador. Sólo los peces con mucha suerte escapan al ímpetu de los alcatraces.
Lo peces afortunados no pueden tumbarse a la bartola si pretenden tener alguna oportunidad frente a los delfines comunes –Delphinus delphis¬- cuyas manadas patrullan las aguas de todo el archipiélago. Como la mayoría de delfines, tienen un morro en el que se dibuja la sonrisa de quien siente que la vida le sonríe. Quizás las sardinas, jureles y caballas tengan la tentación, mientras sestean después de huir de los alcatraces, de corresponder a la sonrisa de los delfines con la suya propia. Harán mal. Detrás de la sonrisa de los delfines se encuentran un montón de dientes dispuestos a amargarles la vida… y a arrebatársela. Nosotros, a bordo del GdC, vemos a los delfines desde la barrera que dan los tres metros que hay hasta el agua. Simple precaución.
Y los cielos, la luz y los huecos entre las nubes por los que se cuela formando caminos que llevan a puertas en la mar hacia quién sabe a qué mundos. Y allá donde el horizonte de empapa de mar más nubes de formas caprichosas, tras las cuales la mar sigue hasta bañar continentes, islas tan grandes como continentes, islas tan pequeñas que sólo la imaginación las encuentra, sólo habitables por quienes las escogen como su paraíso.
Alguien me ha dicho que en los paraísos también se puede pasar hambre. A sus habitantes los siento cercanos, quizás porque vemos los mismos mares. Por eso siempre tengo un plato preparado, listo para alimentar a las islas entre nubes y a sus habitantes. Hoy, morena al ajillo. Tiene un precio, y es que se me permita seguir creyendo que algún día veré una de esas islas.

Como Lázaro marino

Casi, pero noSopa de Verduras, Corvina con Ensalada de Endibias, Nueces y Salsa de Roquefort, Crema de Alcachofas, Pechuga a la Plancha con Guarnición
Y entonces el GdC se hizo, al fin, a la mar.
Largó sus amarras sorteando las de los barcos muertos que creían haber encontrado un nuevo habitante en el cementerio, y como Lázaro marino comenzó, de nuevo, a navegar. Silenciosamente al principio, ronroneando la Máquina como un felino que se despierta de la siesta. Más y más rápido después, a medida que la dársena se iba abriendo y atravesaba el antepuerto frente a las moles inmensas de los barcos buscadores de crudo. Cuando la bocana del puerto sólo se podía contemplar mirando hacia popa, el GdC dio avante toda y comenzó a rugir como si liberara la rabia acumulada en los tres meses de letargo. En cuanto acabó de sortear los barcos fondeados en las cercanías del puerto, arrumbó hacia la zona en la que había trabajado durante los últimos días de Octubre de 2014.
El objetivo de GEOMARGEN era estudiar la sismicidad de la cuenca de Tarfaya -al este de Lanzarote y Fuerteventura- durante tres meses, analizando las causas que la pueden provocar: procesos tectónicos o volcánicos, deslizamientos de ladera, migración de fluidos y actividad antropogénica. Para realizar ese estudio, GEOMARGEN fondeó diecisiete sismógrafos de fondo oceánico (Oceanic Bottom Seismograph, OBS, en inglés), que complementarían la red terrestre instalada por el CSIC en tierra firme, en Canarias y en África.
Durante los días que el GdC y su tripulación se mantuvieron en stand by desde que ésta llegó a Las Palmas el día 3, no dejaron de soplar con intensidad moderada los alisios, vientos estacionales del NNE que marcan buena parte de la meteorología y climatología del archipiélago. En la mar generan desde marejadilla cuando soplan flojos hasta fuerte marejada cuando se refuerzan con una situación meteorológica adecuada. Pero en cuanto el barco zarpó de Las Palmas los alisios fueron calmándose hasta convertirse en una agradable brisa, y cuando llegamos a la zona de trabajo comenzamos a recolectar OBS como se recolectan setas cuando las condiciones son óptimas. Nos presentábamos en el punto de fondeo, sumergíamos el audífono y emitíamos un mensaje de cortesía en forma de pitidos chirriantes que venían a significar algo así como “hola, qué tal, cómo va todo por ahí abajo”. El OBS contestaba con un escueto “pi…pi… pirriii” que es su forma de decir “bien”… los OBS no son muy comunicativos, se lo guardan todo para ellos y por eso cuando al fin vuelven a cubierta después de meses en el fondo marino los técnicos deben sondarlos para extraerles toda la información que han ido recopilando.
Tras recibir el monosilábico saludo del OBS se le mandaba la orden de liberarse de sus ataduras y echar a volar. No podía sino acatarla pues los técnicos habían sido muy listos y le habían dotado de suficiente flotabilidad positiva como para que no tuviera más remedio que emprender el viaje de vuelta a la superficie tras desengancharse del lastre con el que había convivido durante tanto tiempo.
Veinte minutos de viaje atravesando los dos mil metros de columna de agua y, súbitamente, un banderín rojo que no sé si me recordaba más al del Séptimo de Caballería o al del guía turístico que lo enarbola como reclamos para sus clientes aparecía en las cercanías del barco, haciendo más visible aún el amarillo chillón de la boya del OBS.
Entonces es cuando el oficial de guardia podía lucirse. Se podría caer en el error de pensar que con buen tiempo no debería ser demasiado complicado aproximarse a un objeto flotante que no tiene ningún tipo de propulsión… Craso error: la obra muerta del barco, su parte a flote, es en sí misma una vela que mueve a la parte sumergida -la obra viva- con la mínima brisa que haya; el peso del barco le proporciona una inercia que es no es fácil gestionar; y, por último, está el espinoso asunto del intervalo de distancia óptimo: hay que evitar por todos los medios de que el casco impacte contra el OBS, que no lleva bien lo de los vapuleos, pero tampoco se puede pasar a más de tres metros de él, porque entonces no se consigue engrilletarlo con las pértigas telescópicas. Pero el GdC tiene siempre un elenco de oficiales –tanto en puente como en Máquinas- que ya lo querría para sí el resto de la flota oceanográfica española, así que el grado de éxito en la primera tentativa estuvo muy por encima del 95%.
Se había previsto realizar el trabajo en cuatro días, pero cuarenta y ocho horas después de zarpar volvíamos a atracar en Las Palmas, con los diecisiete OBS en cubierta, perfectamente estibados en sus contenedores.
Y durante todo ese tiempo, siempre que dispuse de tiempo libre, e incluso a veces mientras trabajaba en la cocina, a través del portillo, estuve observando la mar.

¡La vita è bella!

Ay, Billy Boy!

Entrante de Montaditos de Queso, AnchoaTomate y Genjibre; Fideuá de Costilla y Pollo; Abae al horno con Patatas a lo Pobre
Que las Islas Canarias se hallan profusamente colonizadas por ciudadanos alemanes es un hecho, corroborado incluso por la propaganda que se exhibe a pie de carretera. ¿Temen acaso los alemanes que resentidos como estamos por las fechorías de sus mandatarios, nos dediquemos los españoles a pinchar los preservativos nacionales destinados a sus exclusivas colonias en la isla? Sólo eso podría explicar encontrar el anuncio de tamaño “autovía” arriba expuesto.
Las Canarias están lejos de la Península. En los mapas políticos se suele añadir un recuadro que salva los casi mil kilómetros que hay entre la Isla Alegranza, al norte de Lanzarote, y Cabo San Vicente, el extremo suroccidental de la Península. Para recorrer la distancia entre el estrecho de Gibraltar y Las Palmas, el GdC navega dos días y medio, lo mismo que para ir del Estrecho a Barcelona, o de Vigo al Estrecho. Pero es volando cuando uno adquiere realmente consciencia de la lejanía de estas islas. El vuelo entre Barcelona y Las Palmas dura casi tres horas y media, una eternidad si lo comparamos con el resto de vuelos en territorio nacional.
Quizá por eso en las islas muchas cosas son diferentes, y no me refiero a cómo se denomina aquí al autobús, ni que a un tipo como yo, cincuentón y con barba de días tan blanca como la del abuelo de Heidi, una chica que no llegará a los veinticinco años le identifique como “el muchacho” –lo cual hace preguntarte si no sería este un buen territorio para pasar una vivificante jubilación-.
Acostumbro a visitar el mercado de los puertos que visito, si la ocasión lo permite. El de Las Palmas vale la pena, si no por el tema arquitectónico, sí y mucho por lo que allí se vende. Me centro, sobre todo, en las pescaderías. Las riquísimas aguas de la plataforma canaria y del banco sahariano forman en las pescaderías canarias aparadores de un colorido, abundancia y variedad que es muy difícil de encontrar en las pescaderías de las grandes ciudades peninsulares. Todo el pescado fresco y de pesca extractiva que se vende es de proximidad, lo cual es de agradecer. Aprovechando la coyuntura hice la compra del pescado fresco personalmente, escogiendo un poco de todo: corvinas, chopas –de la familia del sargo-, burros, brecas –pajeles-, abae…
Busco en Wikipedia “abae” por saber cuál es su grado de parentesco con el mero, y me encuentro con que para la enciclopedia social “abae” es… ¡”Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales”!, que se encarga de controlar, entre otras cosas, a los dos satélites artificiales que Venezuela ha puesto en órbita: el “Simón Bolívar” y el “Miranda”. Bien, la verdad es que comerte una ración de abae al horno, con sus patatitas cortadas a lo pobre embadurnadas con una mezcla triturada de cebolla, ajo, laurel, eneldo, vino blanco, limón y aceite, hace que te sientas como en el cielo… pero dudo que esa sea la explicación del nombre común de Mycteroperca rubra, serránido primo del mero. Parece ser que su nombre está más bien relacionado con la contribución en especies que se pagaba a los abades o religiosos.
No tengo muy claro que esté relacionado con la situación geográfica actual del GdC las dificultades que hemos encontrado para realizar la compensación de la aguja –corrección de la desviación de la aguja magnética, último recurso a bordo para conocer el rumbo si los artilugios electrónicos se vienen abajo-, de la que se encarga un técnico especializado moviendo diferentes masas férreas colocadas en torno a la aguja hasta compensar la desviación generada por los hierros del barco-. La cosa es que salimos el viernes a dar vueltas por aguas próximas a la bocana y que acabamos con la magistral –estructura de madera donde se instala la aguja- desmontada y con la aguja sin compensar. Hoy hemos salido y en media hora estaba resuelto… la aguja se había vuelto dócil durante el fin de semana, por lo visto.
Esta medianoche salimos hacia aguas cercanas a Lanzarote y Fuerteventura para recuperar los sismógrafos… y nuestras sensaciones de buque oceanográfico, ya de paso. Luce el sol, el viento ha calmado, tenemos 20ºC… ¡la vita è bella!

ARRORRÓ PARA EL GdC

“Pa amb Tomaquet” y Jamón, Langostinos Cocidos, Gambas rebozadas, Caldo Gallego, Pollo a la Cerveza

Abandonamos el sitio de Las Palmas y pusimos rumbo hacia el NE para dejar por nuestro costado de babor a Fuerteventura y Lanzarote. En cubierta, una batería de contenedores que ni IKEA hubiera diseñado mejor esperaban a que llegáramos a la zona de estudio del proyecto GEOMARGEN, liderado por el profesor de Investigación César R. Ranero, del ICM-CSIC.

El objetivo de GEOMARGEN en la zona es estudiar la sismicidad de la cuenca de Tarfaya, registrando la sismicidad de la zona durante tres meses, analizando las causas que la puedan provocar, sabiendo que los terremotos pueden ser originados por procesos tectónicos o volcánicos. También producen terremotos los deslizamientos de ladera, la migración de fluidos y la actividad antropogénica. Para realizar ese estudio, GEOMARGEN necesitaba fondear diecisiete sismógrafos de fondo oceánico (Oceanic Bottom Seismograph, OBS, en inglés), para formar una red a complementar la terrestre ya instalada por el CSIC en tierra firme, en Canarias y en África.

Y ahí estaba el GdC, aburridísimo en el puerto de Barcelona, dispuesto a cualquier cosa con tal de ser fiel a su naturaleza más íntima, que es ser útil a los científicos. De tal intensidad es esa naturaleza que, no contentos con acudir a la llamada de GEOMARGEN desde Las Palmas, se aprovechó la ocasión para fondear un anclaje del proyecto FORMED, del Dr. Jorge Guillén, del ICM-CSIC en aguas cercanas a Garrucha, Almería.

La operación de fondeo de los OBS ha discurrido con eficacia y celeridad semejante al de los bombardeos aliados de Dresde. Tras probar los transductores electroacústicos que forman parte del sistema de liberación del OBS, sumergiéndolos a 1000 m. -en una canastilla parecida a las que contienen las botellas de refrescos para su reparto al por mayor-, y mientras el barco navegaba al punto designado, se montó el primer OBS como si fuera un diseño de Playmovil (aunque un juguete de esa marca no hubiera sufrido la rotura de una soldadura en el enjaretado donde se monta la estructura –lo juro: he montado y remontado, como asesor de mi hijo, naves espaciales, granjas, castillos, vehículos de todo tipo, y nunca, nunca se rompió una pieza al montarla… y no, este blog no está patrocinado por la marca de juguetes-).

El OBS no es un anclaje como los que se utilizan en Oceanografía física, en los que sobre un cable se monta la instrumentación y las boyas que le proporcionan flotabilidad, mientras un lastre –ruedas de tren, cadenas de ancla…- lo mantiene anclado al fondo hasta que se activa el transductor y el liberador deja que toda la línea emprenda el viaje de vuelta a superficie. Los OBS apenas levantan un metro desde el enjaretado metálico sobre el que se montan. En un bloque compacto se acopla el sismógrafo, las boyas que lo devolverán a la superficie, el transductor electroacústico, el mecanismo de liberación, el lastre que lo mantiene pegado al fondo, y un emisor de radio, una luz estroboscópica y un banderín la mar de gracioso para facilitar su detección en superficie. Cuando se largan desde la popa con la grúa pórtico del barco, emprenden su viaje hacia el fondo perfectamente adrizados, a una velocidad de 50 metros por segundo. Los primeros metros de ese viaje han sido filmados con mi nuevo juguete, una cámara GOPRO, colocada en una pértiga que permite sumergirla y enfocarla desde el barco. De esa misma manera he podido filmar delfines comunes nadando por delante de nuestra proa, y cómo se desplegaba la red mesopelágica que probamos antes de salir de Barcelona hacia Las Palmas. Todos esos vídeos serán subidos en cuanto sea posible a YouTube, y sus enlaces aparecerán en estas páginas.

Montando un OBSEn cuanto se largaba un OBS, ya se empezaba a montar el siguiente, mientras esperábamos en la zona a que el anterior llegara al fondo para comunicarnos con él y comprobar que había llegado indemne. Así hasta diecisiete. Sin contratiempos. Tres meses estarán los OBS en el fondo, entre los 700 y los 1300 metros de profundidad. El GdC se quedará aquí, mientras tanto; nosotros, la tripulación, no. Nos iremos a casa para pasar una temporada entre los nuestros. Pasado ese periodo, hacia finales de Enero, volveremos a Las Palmas, arrancaremos las máquinas del GdC y zarparemos para recuperar los OBS.

A nuestro alrededor, pesqueros japoneses y rusos se avituallan antes de emprender una nueva campaña de pesca. El GdC, mientras, se va poniendo el pijama.

FOTOGRAFÍAS DE GEOMARGEN: PAISAJES

FOTOGRAFÍAS DE GEOMARGEN: PAISAJES

Dos meses navegando entre Cerdeña y Tánger, durante la campaña del proyecto GEOMARGEN, proporcionan millones de fotogramas algunos de los cuales quedan positivados para siempre en el recuerdo, junto con sensaciones, emociones… son los que los textos del diario intentan plasmar. Otros fotogramas quedan atrapados en la memoria de la cámara, y esos son fáciles de revivir: sólo hay que hacer un par de clics

FOTOS DE ENCUENTROS EN GEOMARGEN

FOTOS DE ENCUENTROS EN GEOMARGEN

Durante casi dos meses, navegando entre la ruta que lleva a Port Said, punto de recalada para entrar en el Canal de Suez, nos hemos encontrado con multitud de buques. En buena parte del área barrida por nuestras sondas la profundidad permitía la pesca de arrastre, y no era raro cruzarnos con pesqueros sardos y tunecinos. Cerca de la costa, pescadores artesanales nos miraban curiosos, y embarcaciones de «pilot» llevaban a los prácticos hasta los buques que esperaban para entrar en los puertos…