REFUGIOS

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CTD al agua

Potaje con Jamón y Chorizo, Salmón en Papillote con Champiñones y Salsa de Roquefort y Yogur, Sopa de Verduras, Pollo Asado con Patatas

El proyecto MINOUW usa, en esta campaña DEEP VISION, cinco herramientas.

La primera es, si se me permite, el GdC, plataforma multipropósito desde la que lo mismo se estudia las corrientes del Estrecho que la paleohistoria escrita en las capas enterradas de fanerógamas marinas.

En el GdC se han embarcado, para la ocasión, las otras cuatro herramientas: el CTD -esta vez sin sus botellas de muestreo de agua-; la draga, que permite extraer muestras de las primeras capas de sedimento del fondo cuando éste es de gravilla o similar; el multicore, para extraer muestras de un fondo fangoso; y el rastrillo, un pequeño arte de arrastre que muestrea la vida del bentos, la que vive en el en el fondo marino.

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Plan de trabajo

El trabajo se ha diseñado siguiendo rondas con un mismo instrumento, de manera que el tiempo que se pierde cambiando de de uno a otro se minimice. Durante toda la mañana, por ejemplo, se ha estado muestreando con el rastrillo. Por la tarde, le ha tocado turno al CTD, y así sucesivamente.

La pretensión de todo este muestreo es determinar el impacto de la pesca, que en esta zona frente al Maresme barcelonés se centra en el arrastre, un arte que si bien es aparentemente provechoso para el colectivo pesquero porque se consigue mucha captura con poco esfuerzo (sobre todo después de haber incrementado la potencia de las máquinas de los barcos), a la larga es perjudicial porque produce un impacto ambiental en los primeros sustratos del fondo marino al “ararlo” con las puertas que abren la boca de la red y la relinga inferior que arrastra por el fondo.

En la anterior campaña DEEP VISION, que se realizó en Mayo, se intentó usar el artilugio Deep Vision, creado para observar en tiempo real qué especies y de qué tamaño entraban en un copo especial cuyo fondo va abierto y que se puede cerrar a voluntad desde el barco cuando los especímenes son del tipo deseado.

Sin embargo, los resultados no fueron del todo satisfactorios porque Deep Vision estaba diseñado para redes mucho más grandes que las que se utilizan en la pesca de arrastre de esta zona. Al parecer se está trabajando para construir un Deep Vision mediterráneo.

A la espera de que el rastrillo traiga a bordo alguna maravilla reseñable, sigo maravillándome por los pequeños seres que nos visitan, buscando un momento de respiro en el largo viaje de migración posnupcial, cuando no asilo ante la presión depredadora de las gaviotas, sobre todo hoy, que no hay barcos de pesca faenando.

Hoy nos han visitado cuatro petirrojos –Erithacus rubecula- que se han quedado todo el día a bordo, alimentándose con los insectos que también migran y que también recalan en el barco. Ayer, fue un estornino pinto inmaduro-Sturnus vulgaris-, una curruca capirotada macho –Sylvia atricapilla- que encontró un refugio ideal dentro de las señales de maniobra restringida-, un pinzón macho –Fringilla coelebs- que murió a bordo, posiblemente por quedarse atrapado en la cinta aislante pegada a un sobrante de cable, y un par de cormoranes grandes –Phalacrocorax carbo- que estuvieron merodeando en torno al barco un buen rato, en una actitud más propia de gaviotas.  Quizás eran de los que han atravesado los Pirineos por el Portalet, muy por encima de los casi 1800 metros que tiene de altitud, en su migración desde Europa septentrional.

Las pequeñas aves que se encuentran con el GdC en su camino encuentran en él refugio e incluso alimento.

¿Dónde encontraremos nosotros refugio, mañana cuando la oscuridad y la ignominia vuelvan a campar por sus fueros? ¿Tendremos que buscar asilo, o deberemos enfrentarnos a las gaviotas en cielo abierto? El GdC es un hogar, pero dudo que pueda protegernos de eso.

APAGANDO CONECTA

Guisantes con Atún, Carne Empanada con Patatas Fritas, Sopa de Pescado y Algas, Sepia Guisada,  con Arroz

La mar que nos ha echado del Cap de Creus se calma esta noche como queriendo despedirse en paz de nosotros, después de cuarenta días de una campaña bendecida por un porcentaje inusualmente bajo de horas perdidas por mal tiempo.

El GdC, con CONECTA a cuestas, ha dejado el Cap de Creus y ha ido en busca del frente, intentando tener muestras casi simultáneas de las aguas frías y calientes separadas por dicho frente. Así hemos estado durante todo el día, y seguiremos muestreando con los bongos y el CTD hasta que llegue la hora de arrumbar a Barcelona, donde tenemos previsto amarrar a primera hora de mañana. Mientras, se van recogiendo la Mocness, la mesopelágica y el patín Neuston, y los trabajos de mantenimiento son realizados con machacona regularidad.

Morane, en estas últimas horas, ha querido mostrarnos algunas de sus habilidades, al margen de su capacidad para generar modelos matemáticos que recreen la conectividad entre las poblaciones de Aristeus antennatus, la gamba rosada, la cual podrá demostrar a lo largo del desarrollo de su tesis. A bordo nos interesaba mucho más su habilidad culinaria, que ya mostró con las galettes. Esta vez nos ha obsequiado con un Far Breton, una especie de pudding o natilla espesa, con ciruelas pasas en su interior: un alimento que debería ser añadido a los menús de los viajes siderales y a las bolsas de supervivencia de las balsas salvavidas.

Lo que desconocíamos de ella es que practica el pole dance, esa modalidad gimnástica que consiste en hacer piruetas de todo tipo en torno a una barra vertical. Morane apareció en proa mientras yo observaba la vida que pasa junto al barco, se encaramó al mástil de proa y se quedó suspendida de una mano y de sus muslos, que aprisionaban el mástil como si lo fueran a estrangular. Mi primer impulso, como delegado de Prevención que soy, fue conminar a Morane a que depusiera inmediatamente su actitud ante el riesgo de sufrir daños de consideración, teniendo en cuenta de que todo lo que le rodeaba eran hierros. Pero pronto pude comprobar que la probabilidad de que Morane perdiera su asimiento era mucho menor que la de que yo tropezara con cualquiera de esos hierros, estando como estaba sentado sobre el tambucho del pañol de proa. Así que le dejé hacer, maravillado de la facilidad con la que desafiaba aparentemente a las leyes de la física.

La campaña de CONECTA llega a su fin. Sentado en el tambucho, solo de nuevo, me invade una extraña sensación. Junto con la obvia alegría por encontrarme con la familia -la que escogí; la de a bordo viene impuesta por el contrato- para disfrutar de unas vacaciones alejadas de las fechas usuales, no puedo evitar sentir como algo que no puedo catalogar sino de saudade anida en algún lugar entre la consciencia y el corazón. Después de cuarenta días, ¿hacia dónde y cómo voy a fijar los ojos ahora, acostumbrados como están a enfocar el horizonte y a la vez a las aguas más allá de la superficie? Tendré que ir acomodándolos al plano corto, a la carestía de la fascinación…

Es así. La mar se va metiendo en nosotros, o somos nosotros los que nos vamos disolviendo en ella, no lo sé. La cuestión es que cuanto más tiempo estás en este mundo líquido, cuanto más tiempo permites que te rodee y te meza, aunque sea violentamente, más cuesta despertar de la hipnótica atracción que produce. Si empiezas a soñar con la Vendée Globe, entonces ya no tienes remedio.

Errores de procedimiento

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Intentando deshacer el entuerto

Empedrat, Pulpo a la Gallega, Sopa con Albondiguillas y Hortalizas, Cordero Estofado

Ya había dado la cena. Incluso había cenado yo. Era el momento de salir a cubierta, cámara y prismáticos en ristre, esperando descubrir el latido de la mar, que hoy ha estado de un talante meditativo del que apenas se percibía su respirar acompasado y sereno. Pensaba que en ese trance sería fácil descubrir detalles que otros días no tan calmados escapaban de nuestros sentidos.

Pero no. Su abstracción era tan profunda que nada sobresalía de su superficie. En una ocasión me pareció ver el caparazón de una tortuga, pero estaba demasiado lejos, era apenas un destello entre millones de brillos de millones de pequeñas ondulaciones en la mar, y no me atrevería ahora a asegurar que la vi.

Mientras, pensaba en qué podría contar hoy en el diario. Sólo se me ocurría explicar que en el barco seguimos siendo muchos los seguidores del mundial de motociclismo, y que hoy hemos vuelto a estar pendientes como bobalicones de lo que pasaba en el circuito de Montmeló. Reconozco que en mi caso dicha afición pudiera parecer una contradicción, y seguramente lo sea. Pero no puedo evitarlo, me gusta la velocidad, y los pilotos de GP me parecen portentos, héroes de proezas fútiles, pero bellas.

Sin embargo, el día ha dado un giro melodramático. Hemos parado el barco para volver a adujar (enrollar un cable, hilo o cabo, a fin de guardarlo ordenadamente) el cable coaxial con el que se maniobra el CTD, porque en el astillero de Marín se hizo corriendo y deprisa, o sea, mal (el GdC parecía un maniquí segundos antes de salir a la pasarela), y no queremos que surjan problemas cuando estemos operando con el CTD. En principio no habría más que largar el cable por la popa, con un peso en su extremo, hasta que las adujas mal estibadas salieran del carretel. Después se volverían a adujar, esta vez bien.

Pero, ah, infortunio: son seis mil metros de cable, y sólo tenemos un fondo de dos mil quinientos metros; si el cable empezara a descansar en el fondo marino, muy posiblemente se podrían formar cocas (vueltas que toma un cabo que se somete a una torsión, como pasa cuando recogemos una manguera, por ejemplo). Así que la situación es suficientemente compleja, y puede dar lugar a tantas disquisiciones, que he pensado que valía la pena comentarlo en estas páginas, sobre todo después de ver discurrir a media tripulación –yo incluido- sobre qué método sería el apropiado para deshacer el entuerto, como un brain storm de feria, para desesperación de Álex, el capitán, en cuyas espaldas recae la responsabilidad de tomar la decisión adecuada.

Llegaremos a Palma mañana a mediodía para recoger el resto del equipo de científicos y acabar de embarcar  provisiones, y solucionar lo del cable.

Palma de Mallorca, el lugar de origen de Luís Salom, un piloto de moto2 que ayer perdió la vida mientras se entrenaba para la carrera de hoy. Una muerte ni menos ni más importante que la de una fresadora de segunda clase atrapada bajo la prensa, un pagés aprisionado por su tractor, un albañil de primera caído desde lo más alto de la obra o una policía, abatida por los disparos de un atracador, todas bajo la sospecha de un error de procedimiento.

Pero muchos a bordo somos moteros, y no podemos sino pensar en cruzar una uve y ráfagas con un chico que vivía para correr montado en una moto.