BAILANDO CON UN ELEFANTE

A Toni le ha tocado bailar con la menos guapa

A Toni le ha tocado bailar con la menos guapa

Ensalada con Picadillo de Surimi, Butifarra con Garbanzos en Salsa de Tomate, Crema de Hortalizas, Marmitako

¿Pueden imaginar que juegan a bailar con un elefante africano, montándose el animalito sobre su pie?

Pues eso es lo que soportaban las cajas estancas del aparejo Mocness, donde se alojan las baterías y la electrónica que controla la sucesiva obturación de las nueve redes cuando se sumerge a 600 metros de profundidad: 60 kg/cm2.

¿Se atreverían con la polka, u optarían por el modoso vals?¿Aguantarían uds. a la madre de Dumbo mucho tiempo sobre su pie?

Pues Mocness sí que aguanta… casi siempre.  Ayer las juntas tóricas y el par de apriete de las tapas de sus cilindros estancos no pudieron aguantar, y una pequeña cantidad de agua entró en su interior. Y ya sabemos todos lo que le pasa a la electrónica cuando se relaciona con el agua, salada para mayor inri: el sensor de presión -que es lo que permite saber a qué profundidad está el aparejo- dejó de funcionar. Sin él,  el muestreo sería a ciegas, sin saber a qué profundidad se había capturado cada muestra.

La Mocness es la joya de la corona de esta campaña. Su capacidad para pescar en toda la columna de agua, obedeciendo al momento las órdenes que se le dan desde el laboratorio, y presentando en una misma pesca hasta nueve muestras tomadas a diferentes profundidades, la convierten en el mejor muestreador de plancton que llevamos a bordo. Así que aunque se hubiera podido seguir trabajando con la red mesopelágica (La Verda, me corrigen los científicos; la Blava fue su antecesora), con los bongos y el patín neustónico, se ha preferido parar el muestreo durante unas horas y acercarnos a Alicante para recoger el recambio que enviaba la UTM.

El barco ha quedado a media milla de la bocana del puerto de Alicante, y ha sido la zodiac la que se ha acercado a tierra a buscar el envío. De paso, se ha conseguido suficiente agua de botella -aunque el agua dulce que genera el barco es potable- para aguantar hasta que el lunes por la tarde atraquemos para relevo de parte del equipo científico y aprovisionarnos para otros doce días de navegación.

Mientras el barco quedaba al pairo, motos acuáticas salían por la bocana y nos rodeaban como si fueran pieles rojas en torno a una carreta, y yates de todo tipo iban y venían en un tráfico propio del verano. En estas ocasiones la sensación es extraña. A bordo todo el mundo esperando la pieza de la Mocness para volver al trabajo lo antes posible; a nuestro alrededor, un ritmo y una consistencia diametralmente opuesta.

En un reportaje televisivo mostraban lo que es una descarga de combate: un avión carguero aterriza y sin dejar de rodar por la pista hace circular los palés con la carga por la compuerta trasera hasta que acaban rodando por la pista. Entonces el avión cierra la compuerta y despega.

Nosotros hemos hecho algo parecido. Hemos realizado una carga de combate.

El GdC es un barco de acción. Siete horas después de llegar a las inmediaciones de Alicante, volvemos a pescar. Volvemos a bailar con un elefante.

Frente a Alicante, por Babor

Frente a Alicante, por babor

MEDIMAX Y LOS EXTRAÑOS HALLAZGOS

Extraños hallazgos

Extraños hallazgos. Foto: Van Rap

Macarrones boloñesa, Tortilla de Queso con Rollitos de Primavera, Ensalada de Tomate, Marmitako

El GdC se ha comportado en Alicante como lo hubiera hecho un containero en una terminal con grandes medios de manipulación, como la de Algeciras, por ejemplo: en tres horas volvíamos a la mar, con los científicos embarcados montando a toda prisa el laboratorio en el que, durante apenas cuatro días, van a muestrear más de tres toneladas de agua de mar, tomadas a diferentes profundidades, desde la superficie hasta los 2500 metros.
MEDIMAX –que no MADIMAX, como erróneamente escribí en la anterior entrada (gracias, Anne, por la involuntaria ayuda)- es un proyecto liderado por Francisco Rodríguez-Valera, del Departamento de Producción Vegetal y Microbiología de la Universidad Miguel Hernández, de Alicante. El proyecto estudia el máximo de clorofila profundo del Mediterráneo. Creo que vale la pena explicar un poco cuál es el objetivo de este proyecto:
El máximo de clorofila profundo es el hábitat de la Tierra más importante. Es la región de la columna de agua en la que se concentra los niveles máximos de producción primaria (producción realizada por la fotosíntesis) y de absorción de CO2. Estas características se ven favorecidas por la relativa calma de la zona, sin el hidrodinamismo de la superficie, lo cual permite a los microorganismos formar comunidades mucho más estables que las de la superficie. MEDIMAX busca descifrar la biología de la microbiota presente en esa zona de la columna de agua, incluidos los virus.
El GdC y el técnico de la UTM presente a bordo van a extraer para MEDIMAX 200 litros de agua cada diez metros de profundidad, desde la superficie hasta los 100 metros, en un punto situado a 13 millas mar adentro de la isla de Tabarca, sobre la plataforma continental. En otro punto, situado a unas 44 millas del primero y en el mismo eje, se extraerán 1000 litros más de agua, también a diferentes profundidades.
Es muy común que los proyectos que estudian la producción primaria y la microbiota de la columna de agua extraigan grandes cantidades de agua que filtran después en el laboratorio de a bordo. Esta vez, sin embargo, utilizan un método que no recuerdo haberlo visto antes en el GdC. El CTD, instrumento de investigación oceanográfica que recopila en tiempo real los valores de temperatura, salinidad, turbidez, etc., lleva incorporada una roseta de botellas que, accionadas por control remoto, permiten capturar agua a la profundidad deseada. Una vez a bordo, los científicos se afanan – como si fueran ordeñadores de vacas sentados sobre sus típicos taburetes- en recoger esa agua en bidones identificados para cada profundidad. Esos bidones son llevados al laboratorio de a bordo para su filtrado. Pero MEDIMAX filtra inmediatamente el agua, antes de introducirla en los bidones, mediante unos aparatosos filtros que acarrean hasta los pies del CTD. No he podido refrenarme y he preguntado el por qué de ese procedimiento. Al parecer, se trata de extraer cuanto antes los microorganismos presentes en la muestra de agua para poder trabajar con su ADN.
Tras una noche de lluvia intensa, que dejó al GdC baldeado como para el paseo dominical, el día ha sido luminoso, con la mar pícaramente juguetona, con el gesto travieso justo para hacerse notar, pero sin llegar a tener que regañarla. Ausentes la aves marinas –esperaba poder observar, al menos, ejemplares de Larus audouinii (gaviota de Audouin, con su pico rojo intenso surcado por unos tiznes negros) y Puffinus mauretanicus (pardela balear, de aleteo nervioso y tripa blancuzca, como manchada de aceite)-, me dediqué a buscar entre los rincones de la cubierta aves migradoras que estuvieran usando el barco como oasis móvil en su camino hacia África, siguiendo a los insectos también migradores, sin los cuales no pueden sobrevivir. Sin embargo, con quien me encontré fue con una lavandera blanca (Motacilla alba), con su librea invernal, atiborrándose de mariposas que revoloteaban por el barco en una parada de su épico viaje hacia el sur. Fue un extraño hallazgo, porque las poblaciones de lavanderas blancas de la Península no migran, quizás porque durante el invierno son capaces de encontrar dietas sustitutivas a la insectívora, quizás porque los insectos de los que se alimentan tampoco emigran…
Pero, para hallazgo extraño, el de dos enormes grúas embarcadas en una plataforma remolcada con las que nos cruzamos mientras nos acercábamos al lugar de trabajo. A lo lejos, parecían flotar con una magia emanada de las profundidades.