LA CARROZA NO ESPERA

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Huevos Rellenos, Fusilli con Salmón Marinado, Vichyssoise, Merluza en Salsa Verde Canaria

Esta campaña nos acabará pareciendo más larga que la Larga Marcha del Ejército Rojo. A todos nos  llegará esa epifanía, antes o más tarde en función de tantos factores que no habría ecuación psicohistórica (saga de Fundación, de Isaac Asimov) que pudiera compilarlos. La mayoría de científicos van a ir siendo relevados durante las paradas que tenga la campaña (la primera el próximo día 1, en Alicante), así que esos posiblemente no lleguen a percibir esa sensación eónica. Pero el resto no se ha de salvar de esa sensación de haber caído en un agujero negro, en estar atrapados en el Tiempo muestreando una y otra vez a la misma larva de vaya ud. a saber qué especie de decápodo…

A mí también me pasará, como a todo quisque. Por ahora, ya me ha pasado a pequeña escala. Parecía que hoy no iba a acabar nunca.

No voy a decir que la jornada en la cocina ha sido asfixiante, ni mucho menos. Algo de trabajo de cuchillo, picando los ingredientes del relleno de los huevos (variantes, atún, olivas rellenas, olivas negras, pimientos del piquillo…), picando el salmón marinado a bordo… removiendo con muñeca de tenista las cazuelas… En fin, un día normal en la cocina.

Pero  hoy había que entregar el pedido para el provisionista de Alicante y, ay, quien siga estas crónicas quizás recuerde algún comentario anterior sobre el tema. No, no hay que utilizar la regla de cálculo, pero hay que hilar muuuy fino: cualquier generalización en la inclusión de un producto puede producir una reacción en cadena de consecuencias trágicamente incalculables. ¿Un ejemplo? ¡Cómo no! Recuerdo, por ejemplo, cuando en Bizerta (Túnez) se me ocurrió pedir cuatro bolsas -di por sobreentendido que se tratarían de bolsitas- de menta -di por sobrentendido que sería menta fresca-, y me encontré en cubierta con cuatro bolsas de las de cubo de comunidad llenas hasta arriba de menta tan reseca que parecía haber sido hallada en alguna prospección arqueológica de por ahí cerca, y el provisionista junto a ellas, gesticulando airado y protestando en un inglés no mejor que el mío -que ya es decir-, que eso es lo que había pedido y que me lo tenía que quedar -pagándolo a precio oro, por supuesto-… y lo lamentable es que tenía razón: yo había pedido cuatro bolsas de menta, y él me había traído cuatro bolsas de menta. Así que los pedidos a provisionistas desconocidos, despacito y con buena letra.

Como no tenía bastante, he tenido que realizar gestiones propias del representante de la tripulación y delegado de Prevención, que lo soy porque nadie más quiere serlo (y porque me va la marcha, para qué voy a negarlo).

Así que aquí estoy, escribiendo esta crónica con toda la velocidad que mis dedos de pelotari me permiten, intentando poder subirla antes de que suene la media noche, como si fuera un Ceniciento amanuense.

Y como de lo que se trata es de que les cuente los hits de la campaña, les diré que hoy ha sido utilizada por segunda vez la red pelágica -la Blava, para los amigos-, esta vez con notable éxito, exuberante éxito, tanto éxito que se ha abotagado de plancton gelatinoso, sobre todo de Salpa sp., el tunicado en forma de bolsa transparente con una nuez en su interior que tanto se está prodigando estos días.

La red pelágica va separando las muestras de diferentes tramos de profundidad, alojándolos en receptáculos que van alineándose -previamente programados- con la red a medida que esta asciende desde la máxima profundidad configurada. En la redada de hoy, la Blava ha pescado a 1000, 900, 650, 350, 100 y en superficie. El éxito de hoy pronostica que esta red va a acaparar más protagonismo del que ha tenido hasta ahora.

Y ahora, al fin, respondo a su pregunta “¿a qué viene la foto de calderones en esta crónica?”… ¿No adivinan la respuesta?… Ya no me daba tiempo de descargar y editar las últimas fotos, así que he tirado de archivo. De archivo fresco, ojo: son los calderones –Globicephala melas­- que nos visitaron el otro día. La foto no es muy buena, pero es que es una captura del video, y con los medios técnicos disponibles -de poco serviría tener otros de mayor enjundia: entonces, lo que fallaría, serían mis conocimientos-, no puedo ofrecer mayor nitidez.

¡Son casi las doce! ¿Dónde está mi carroza?

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2 comentarios sobre “LA CARROZA NO ESPERA

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