JUSTIFICACIONES PARA UN POST BREVE

El GdC en Isola Capraia

El GdC en Isola Capraia

Spaghetti al Pesto, Tortilla de Setas y Sobrasada, Gazpacho, Gambas Cocidas, Barbacoa de Brochetas de Pollo Adobado, Longaniza de Catania y Chistorra de Navarra, Ternera Gallega, Pastel de Cumpleaños, Cerveza Artesana de la Isola di Capraia

Estoy agotado. Lo que me pide el cuerpo es irme a dormir, y dudo que ni siquiera fuera capaz de leer dos o tres páginas del libro de turno. Pero ayer no subí ninguna crónica –metido a fondo con la relación tripulación-CSIC, con todas las aristas que se puedan imaginar y más-, y dos días seguidos ya sería demasiado: es la ética del momento.

Así que aquí estoy, diciendo que estoy agotado sin saber muy bien por qué, o si es por todo.

Los baños desde la popa del GdC son una experiencia para ser vivida una y otra vez, como una y otra vez los monos de nieve de Jigokudani se zambullen en aguas calentadas por las entrañas de la Tierra. Ellos no se cansan, pero los baños en el GdC sí que consumen energía: la escala para volver al barco es más propia de las filigranas de Tarzán que de seres hechos y derechos como los de a bordo; y la premura por volver al puesto de trabajo –maldita manía la de querer cenar todos los días- acaba estresando más que relaja la ingravidez en medio del azul. Sí, los baños en el GdC pueden llegar a cansar.

La cena en cubierta es un acto de gregarismo social aceptado y disfrutado por todos, pero no voy a mentir diciendo que no cansa: montar todo en cubierta, adecuar los tiempos de la plancha a la voracidad de los comensales, recogerlo todo cuando lo que menos le pide a uno el cuerpo es ponerse a recoger… ¡uf!

Realizar un desembarco a bordo de la zodiac en el puerto de una pequeña isla del archipiélago Toscano también estresa: ¿qué hacer? ¿calzarse el equipo de apnea para disfrutar de una aguas bendecidas por la protección medioambiental  otorgada por el gobierno italiano?¿Desembarcar en el muelle y caminar por donde nunca antes se ha caminado, y posiblemente nunca más se vuelva a hacerlo?

A lo mejor no. Quizás estoy equivocado y bañarse en el azul, cenar sobre cubierta, en buena compañía, y descubrir después un lugar mágico, una Isola Capraia de piedra moldeada por los humanos y callejas retorcidas porque cada uno encontró su hogar donde lo encontró, no consume energía, sino que recarga el cofre donde se guarda el bienestar para cuando hace falta.

Quizás estoy cansado porque, simplemente, hoy ha sido el día más largo del año.

Feliz y abundante cosecha a todos. Y en la mar, tiempo bonancible.

P.S.

Un detalle culinario: las gambas fueron cocidas y enfriadas con agua muestreada por el CTD a 125 metros de profundidad, que es donde se encuentraba esta mañana el máximo de clorofila. Por lo tanto, las gambas no han sido cocidas en aguas con sal, sino en agua marina rica en fitoplancton. Tras realizar una encuesta -con nulo valor estadístico- sobre las propiedades organolépticas del producto conseguido, podemos decir sin temor a equivocarnos que hemos creado una revolución en el proceloso mundo de la cocción de marisco, y que en cuanto lleguemos a puerto pensamos registrar el proceso físico químico como propiedad intelectual de Carlos, mi compañero en la cocina, que es quien ha tenido la idea… ¡se va a forrar!

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