CREPÚSCULO SICILIANO

Crepúsculo siciliano

Haced zoom… el GdC se esconde en el contraluz

Ensalada con Queso de Burgos y Frutos Secos, Lomo de Cerdo a la Plancha con Arroz Frito, Sardinas al Gusto

Antes que nada, puntualicemos: cuando aquí se dice, por ejemplo, “sardinas al gusto”, significa que se ha dejado una bandeja de sardinas sicilianas frescas -mediterráneas, o sea, de un tamaño discreto, no como las sardinas que se capturan en el Cantábrico, que si uno las ve mientras nada decide de pronto que ya tiene suficiente baño, por si acaso-, para que cada uno se haga las que quiera y como quiera. Ese es el truco, querido lector, para evitar tirar una cena por la borda porque los comensales de a bordo hayan decidido que no pueden declinar la amable oferta de las camareras o camareros para que caten las delicias de la comida genuina, artesanal y siciliana, que se cocina en su terraza: se deja cena, pero en crudo, que aquí todo el mundo sabe encender una plancha, y si al final no cena ni el tato –harto probable-, las viandas quedan indemnes para ser procesadas al día siguiente, y todos contentos, faltaría más.

Dicho lo cual, debo reconocer que poco puedo aportar sobre el desarrollo científico de la campaña. No es que no se haya trabajado en el laboratorio, pero la verdad es que lo que se debía hacer se remató en pocas horas. Se puede decir que todo el mundo ha tenido la oportunidad de disfrutar, a su manera de lo que podía ofrecer Catania. Sé que las huellas de todos han creado un nudo gordiano enmarañado en el callejero de la zona antigua de Catania. Sé que se ha ido a la playa, que se ha catado multitud de marcas de cervezas, que han sido muchas las terrazas que han recibido la visita de estos viajeros coyunturales…

También sé que mi plan de desplazarme en moto hasta las faldas del Etna para pajarear en solitario quedó en agua de borrajas, tras comprobar que alquilar un humilde escúter podría llegar a ser la razón para tener que pedir la cuenta en el GdC y quedar esclavizado de por vida al lavaplatos de una trattoria de tercera categoría, a poco que descontrolase el kilometraje del vehículo. Sé que Catania se expande hacia las faldas del Etna mucho más de lo que aparenta desde los muelles, porque al no alquilar la moto decidí caminar, caminar cuesta arriba para que fuera un ejercicio más completo y porque albergaba la esperanza de salir del casco urbano y entrar en zona montaraz, y llegó un momento que tuve que dar la vuelta porque las fuerzas flaqueaban y quedaba volver hasta el nivel del mar… y no llegué sino a los barrios altos de Catania, el Pedralbes de la ciudad, pero nada de monte ni bosque ni zona rural ni nada que se le pareciera.

El GdC está zarpando hacia Mesina. Esperamos que mañana podamos realizar el muestreo en el siguiente punto.  Después tal vez haya que buscar refugio en el archipiélago de las Eolias, en Lipari o en Vulcano, para esperar que el temporal que viene del golfo de León amaine lo suficiente como para poder pasar a aguas corsas. Si no queda otro remedio, tendré que realizar algunas apneas en esas virginales aguas… ¡qué se le va a hacer!

Es momento de la gran pregunta: Qué hace que una ciudad sucia como pocas –sucia como si alguien, o mucha gente, toda la población, hubiera puesto todo su empeño en no tirar absolutamente nada al cubo de la basura, sucia hasta en los barrios altos, de casas señoriales, sucios como si hiciera años que nadie pasa una escoba o un chorro de agua por las aceras-, con un retrogusto de postguerra propio de los lugares no contemplados por el plan Marshall, con un tránsito en el que el viandante debe reivindicar con su cuerpo y su gallardía el derecho a seguir su camino más allá de la siguiente acera, con un griterío entre balcones que deja en pañales los culebrones de la tarde televisiva, con unas  aceras convertidas en trampas mortales para peatones, con socavones fatales para los tobillos, invadidas cada pocos metros por coches aparcados como si fueran carros de niños, que te obligan a abandonar la falsa seguridad de la acera y adentrarte en el peligro real del tráfico vial… qué hace, pregunto, que una ciudad así te enamore. Cierto que será siempre amor de una noche, muy propio de la visión romántica de la gente de mar. Cuando quiero valorar mi percepción de un puerto, pienso si podría ser feliz en su ciudad… ¡y hay tantos puertos en los que me puedo imaginar viviendo!… Lisboa, Vigo, Ravena, Istanbul, Palamós, Sète, Gijón, Cádiz, Kalamata, Las Palmas, Palermo… son algunos. Catania sería el amor de una noche, demasiado salvaje para entregarme para siempre entre sus brazos, pero ideal para una noche tórrida al borde del mar y un amanecer en la cumbre del Etna.

Calor y relente, sensibilidad y escalofrío.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s