Limpiar ensuciando

Ensaladilla Rusa, Merluza a la Plancha, con Espárragos, Gazpacho, Carrillada de Cerdo al Horno, en Salsa Española, con Patatas Parisinas.

Como Acab enredado entre las líneas de los arpones que él mismo había ordenado clavar en el lomo de la ballena blanca, así acabó la boya de uno de los artes de deriva que el SdG ha ido encontrando a su paso. El GdC marcha, durante el día, un par de millas por su proa, avisándole de la presencia de esas trampas que yo creía definitivamente prohibidas, al menos en el Mediterráneo. Quizás sólo estén prohibidas las volantas, redes de deriva de kilómetros de longitud que pescan indiscriminadamente todo tipo de animales marinos, sean de especies comerciales o no, con un impacto ecológico nefasto.

Los artes que ayer obligaron al SdG a cambiar varias veces de rumbo, guiado por las informaciones del GdC, parecían más bien palangres pelágicos, diseñados para capturar peces espada, aunque también capturan tiburones y otros depredadores pelágicos, sea de manera accidental o no, tengan aprovechamiento económico o engrosen la captura de descarte.

Desde que zarpamos de Catania miro por los prismáticos y no veo más que plásticos flotado. Es verdad que no estoy mucho rato observando: después de una mañana en la cocina, sudando a mares, no soporto mucho rato en cubierta con el sol en el zénit. Me impongo una hora de observación, aunque sólo sea porque uno no sabe hasta cuándo disfrutar de la hipnotizadora sensación que proporciona la mar de horizontes llanos, sin costas a la vista. Por las tardes, si las condiciones son favorables, también hago una hora más de observación, mientras la luz permite aún disparos a alta velocidad.

Pero la verdad es que esos disparos se pueden contar con los dedos de una mano, durante estos días de navegación a cuatro nudos. No he visto ni una sola vez señales de cetáceos: ni delfines, ni calderones, ni ballenas, ni cachalotes; ni delante de nuestra roda, ni suficientemente cerca para identificar la especie, ni tan tejos que sólo los resoplidos delatasen su presencia. La observación de aves ha sido casi tan parca como la de cetáceos: un par de pardelas cenicientas –Calonectris diomedea¬- volando aisladamente, el sílvido y el vencejo que se atiborraron de libélulas… Y observaciones de peces, aparte de la del atún aleteando convulsivamente en cubierta, sí he podido ver algunos peces voladores saltando al aire, huyendo de la proa del barco. Son pequeños, algo mayores que una cigarra, y su vuelo es tan efímero y su aterrizaje tan desmadejado como el de ésta. Imposible, por ahora, fotografiarlos: debería leerles la mente para pronosticar el inicio de su aventura aérea.

Los oficiales, que se pasan ocho horas al día mirando hacia el horizonte, sí que refieren dos avistamientos: de unos delfines listados –Stenella coeruleoalba-, y de lo que sospechan que era un cachalote –Physeter macrocephalus- ya que al sumergirse enseñó su aleta caudal.

Lo que si he visto han sido plásticos. Durante algunos periodos de observación en la proa he podido contar una media de un plástico por minuto durante la hora de observación, incluyendo desde trozos del tamaño de una ciruela hasta de un metro cuadrado y botellas de todo tipo; muchos, con signos evidentes de llevar mucho tiempo a la deriva; otros, con el lustre de un barco recién botado. Como es absurdo pensar que los plásticos maniobran buscando el encuentro con barcos, como si fueran delfines curiosos, y dado que el GdC ha cambió de rumbo durante esos periodos, ya fuera por petición del SdG o para comprobar algún objeto que pudiera crear problemas al streamer, sin que disminuyese la frecuencia de esas observaciones, no se puede llegar a otra conclusión de que el área infectada por los plásticas era de varias millas cuadradas. Si no observar apenas vida es ya de por sí suficientemente desazonador, no digamos si encima nos encontramos con semejante presencia de plásticos en aguas alejadas de la costa.

Hay localizadas ciertas regiones en zonas oceánicas profundas, en las que la concentración de plásticos a llegado a generar un mar de ellos de muchos metros de grosor y varios kilómetros de superficie. Es más que probable que existan otros mares de plástico, aún sin descubrir. ¿Cómo vamos a limpiar todo esto? ¿Con detergente?

Fe deErratas: En la entrada del día 1 de Agosto, “Y la nave va”, se dice que uno de los investigadores principales del proyecto HADES es “César Manero”… ¡Ops! Se trata de “César Ranero”, como se ha nombrado correctamente en otras ocasiones.

cronicasgdc.garciadelcid@skyfile.com

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2 comentarios sobre “Limpiar ensuciando

  1. Van Rap:

    Me temo que gran parte de la fauna marítima ha decidido abandonar tu mar para venirse hasta las orillas de mi Cabo Leeuwin.

    Lo siento 🙂 jijij

    Supongo que con la amenaza de las redes, de los turistas y sobre todo de los cardúmenes de plástico, prefieren buscar paraísos un poco más solitarios.

    Saludos,

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