Y LA NAVE VA

Macarrones con atún, Faneca Frita, Ensalada de Surimi y Gambitas con Vinagreta de Tamari, Redondo de Ternera en Salsa.

Durante dos semanas el GdC ha estado, aparentemente, viendo pasar el tiempo.

No recuerdo el título ni su autor, pero hace muchos años leí un cómic que relataba cómo vivían los expedicionarios de dos culturas alienígenas un contacto en la cuarta fase con la otra. Ambas compartían tres dimensiones, pero la cuarta, el tiempo, era diferente, de manera que mientras unos interpretaban que los extraños con los que se habían encontrado estaban sufriendo un proceso de catalepsia irreversible ya que no se movían ni parecían reaccionar a los estímulos con los que intentaban sacarlos del pasmo, los otros observaban incrédulos cómo de pronto aparecían de la nada artilugios desconocidos –el instrumental científico de la otra expedición-, y desaparecía instantáneamente uno de sus compañeros –que la otra expedición había trasladado en camilla a su nave, para hacerle pruebas biomédicas-.

Así me imagino la última estancia del GdC en su atraque habitual en el muelle de Maremágnum, en Barcelona. La vida a su alrededor se movía vertiginosa, tanto que apenas era capaz de seguir su latido desde la cubierta del barco. Quizás por ello sufría ansiedad y vértigo cuando salía del barco y me integraba en el torbellino que coloniza –no sé si simbióticamente o parasitariamente- la ciudad de Barcelona, y no volvía a sentirme a salvo hasta estar de nuevo entre de los mamparos metálicos del barco. A la gente que paseaba por el muelle debía parecerle, por el contrario, que el GdC era un barco muerto -como los que conocí en el pantalán de Cory, en Las Palmas- o que estaba en coma profundo, al menos.

Pero no era así. Cada día, incansablemente, los marineros seguían con su trabajo de cosmética reparadora, los maquinistas cumplían con los protocolos de medicina interna, los oficiales del puente mantenían la administración del barco en buena forma, y cuando todo este personal se sentaba en el comedor para reponer fuerzas, el personal de Fonda ya tenía listo el menú del día y la mesas puestas. Todo ello realizado a una velocidad humanitaria, no con la que se vive más allá de las amarras del barco, que hubiera agotado nuestras energías en apenas un instante.

Y así, cuando al fin recibimos la indicación de hacernos a la mar, la tripulación apenas necesitó un momento para vaciar sus papeleras en el contenedor del muelle. Al momento siguiente, el barco ya estaba entre puntas, saliendo por la bocana nueva, con rumbo a Catania, en Sicilia. La misión para los próximos días: realizar labores de chase boat, barco encargado de controlar que ninguno otro cruce la popa del B.O. “Sarmiento de Gamboa” –el hermano joven del GdC, que cayó en una marmita de poción mágica (el asunto del Prestige) cuando no era más que un proyecto-, barco que está trabajando para el proyecto HADES, de los doctores César Manero y Xavier García, cuyo cometido era, originariamente, estudiar los riesgos sísmicos derivados de la actividad de subducción en la placa tectónica del Egeo, pero que debido a la imposibilidad de conseguir los permisos necesarios para trabajar en la zona escogida para el estudio, dicha investigación se ha trasladado, según tengo entendido, a aguas del mar Tirreno, que está encerrado entre la costa continental italiana, la oriental de Cerdeña y la septentrional de Sicilia.

Se me acumulan en mi cabecita inquisitiva multitud de preguntas sobre el proyecto HADES y sobre su campaña con el SdG y el GdC. La cuestión es que, para realizar su trabajo chase boat, el GdC no necesita embarcar personal científico: para hacer de bobbies nos bastamos solitos. Sin embargo, para que estás páginas no pierdan su carácter de crónica, también sobre la cuestión científica, era todo lo posible por contactar con el personal embarcado en el SdG -¿quizás tomando unas cervezas en Catania, antes de ponernos a la faena?- para que, si lo tiene a bien, me ilustre sobre las particularidades de la campaña.

Durante dos semanas el GdC ha estado, aparentemente, viendo pasar el tiempo. Y el tiempo se aburría, seguramente, viéndonos desde la Torre del Reloj del muelle de los pescadores, frente al GdC, como parece mostrar la foto tomada por Anna Bozzano, del proyecto “El Peix al Plat”.

Ahora, al tiempo, no le queda otra que seguir estas páginas, si quiere saber en qué anda ese barco rojo que parecía dormido.

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