Animación suspendida

El GdC, atracado en la Factoría Naval de Vigo

El GdC, atracado en la Factoría Naval de Vigo

Guisantes con Jamón, Abae y Sama Albardadas con Ensalada de Tomate, Sopa de Verduras, Pollo Asado con Patatas Salteadas

Siempre pasa igual, y lo he comentado aquí muchas veces. Pero la sensación es tan sólida, tan concreta, que nunca acabo de acostumbrarme del todo, y cuando me pongo delante del teclado para intentar plasmar con palabras la cotidianidad, lo curioso, la sorpresa, lo mágico que significa trabajar en un barco como el GdC, no puedo evitarlo y vuelvo a narrarlo, a explicar cómo el tiempo adquiere tal elasticidad que marea más que el balance del barco, produce vértigo y desorientación. ¿Cuánto hace que salimos de Las Palmas? ¿Siete días? ¿Siete semanas? Y de Lisboa, ¿un día y medio? ¿Una semana y media?

Hace sólo horas paseaba por Lisboa forzando a mis pies a tomar direcciones desconocidas, liberado de la presión de tener que visitar los lugares más nombrados, más turísticos, ya conocidos en otras arribadas y viajes por tierra. Vagabundeaba fijándome en la gente, en los callejones, imaginándome como un lisboeta más –qué fácil es sentirse parte de la belleza-. Hace sólo unas horas, pero las percibo como días, a pesar de que la navegación desde Lisboa hasta Marín ha sido muy soportable. Quizás sea porque ahora mismo sólo miro hacia proa, hacia una estación, un camarote en el tren, un duermevela en el que las luces naranjas de estaciones casi deshabitadas se mezclan con los sueños, una llave que abre la puerta tras la que el amor se despereza y los besos activan las sinapsis donde reside mi otro mundo.
Ahora mismo me encuentro escribiendo esto mientras el barco se va vaciando, a ráfagas, de tripulantes. Ya sólo quedamos Eduardo, Benito, Álex y yo, que hasta la tarde no viajaremos a Barcelona, a Cangas, a Castro Urdiales, a Zaragoza… Personal del astillero entra y sale del barco, echando un vistazo a las obras de reparación y mantenimiento proyectadas. Fuera, la actividad de los operarios en los barcos que están en varadero y en los atracados en el pantalán, que no para ni de noche, recuerda la del hormiguero cuando ya los fríos estacionales ralentizan los movimientos de las obreras.

El GdC tiene una edad, pero está en forma. Es como los abuelos que huyen de los bancos bajo los árboles del parque y de la contemplación y salen aún en bicicleta, con pedaleo acompasado, sereno, efectivo, o los que encuentras a ritmo atlético por el monte, saludándote con un vigor que hace que aceleres algo el paso, picado. El GdC necesita cuidados, muchos de los cuales se los prodiga la propia tripulación, obreras que atienden las necesidades de la reina. Pero hay ciertas operaciones, ciertos cuidados, que exigen dejar la actividad científica y ponerse en manos ajenas. Entonces el GdC es un mero que deja de cazar y abre la boca, paciente, para que los camarones hagan su trabajo de limpieza hasta lo más profundo de sus fauces y sus agallas.

Ahora nos toca esperar. Volveremos a embarcar a finales de Abril con la esperanza de ser útiles, de poder dar el mejor servicio a los proyectos científicos y técnicos que contraten al GdC. En mi caso, tengo el firme propósito de conseguir que un par de tripulantes no muy dados a las salsas y la cocina elaborada se alimenten a bordo con más alegría, asumiendo que eso pueda significar, paradójicamente, más trabajo. Y mientras esté en tierra firme, mantener este diario vivo. Durante este periodo de inactividad del GdC que comienza hoy, aparecerán en estas páginas los enlaces para poder ver las colecciones de fotos realizadas durante la temporada, alojadas en mi página de Flickr, así como los de los vídeos alojados en You Tube. Y, en la medida de lo posible, comentaré las noticias que puedan interesar al GdC y a quien le sigue.

El GdC entra en animación suspendida, pero sigue latiendo.

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2 comentarios sobre “Animación suspendida

  1. Van Rap:

    Tal y como lo cuentas me da pena que el GdC se quede solo en el astillero del norte…

    Un barco sin tripulantes atado a tierra se siente como un pez fuera del agua. Si siente raro. Se ve raro. Se pone triste.

    Supongo que será un lavado de cara y en un mes estará de nuevo saltando olas y soltando sondas.

    A.

    1. Entrar en varadero para reparar y remozar el barco es la mejor de las noticias, señal de que al GdC aún le quedan muchas singladuras por delante.

      Si de mis palabras se desprende cierta sensación de tristeza o nostalgia es, seguramente, porque yo también me hago viejo, al menos a la misma velocidad que el GdC, y desde luego sin tantas atenciones.

      Sensiblerías de viejo, pues, y ganas de navegar más y más lejos, Bipolaridad náutica, debería llamársele: querer estar en tierra firme, entre el amor, y mar adentro, a solas con ella.

      Gracias por tu amable comentario, Anne

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