La Roja

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Boquerones en Vinagre con Ensalada de Pepino y Apio, Tortilla de Atún al Eneldo con Espinacas a la Crema de Mostaza y Miel, Crema de Verduras, Merluza en Salsa Verde
Atracados en Cartagena desde el anochecer, esperamos a que mañana llegue el resto de científicos con los que vamos a continuar con la campaña de FORMED. Durante las últimas horas hemos estado haciendo batimetría en la zona del delta del Ebro, siguiendo rumbos parecidos a los que siguen los pesqueros de la zona, que arrastran sus artes por encima de las tres líneas de dunas submarinas que corren paralelas a la costa. Las imágenes de la sonda multihaz muestran esas líneas de dunas, y tienen suficiente resolución como para que se pueda percibir que la línea de dunas más cercana a costa se halla mucho más erosionada por los arrastres de los pesqueros que las otras dos, presentando el aspecto de desgastados escalones en una construcción milenaria.
Aprovechando estas horas de coyuntural inactividad –sólo para algunos: cocinar se cocina, y se repara las pequeñas averías de la Máquina, y se realizan las guardias de seguridad… en fin, que el barco sigue latiendo rítmicamente aunque no se esté sondeando ni muestreando nada-, hago caso a mi mujer y doy pormenores sobre el stand by que ha sufrido el barco y su tripulación durante las últimas semanas, no vaya a ser que alguien saque conclusiones tan precipitadas como erróneas.
El GdC ha estado más de un mes parado y yo les voy a decir por qué. No ha sido porque una avería de la máquina haya dejado malherido al barco, y todo ese tiempo haya tardado el personal de a bordo o los talleres de tierra en solventar el problema y dejarlo de nuevo operativo; tampoco ha sido una huelga de la tripulación, aunque bien es cierto que razones no le hubiera faltado, si no como tripulantes del barco, sí como trabajadores públicos, o aún más rotundamente, como trabajadores de este país en caída libre hacia la regresión; y ningún problema de la instrumentación oceanográfica ha impedido realizar campaña alguna de ningún proyecto.
No, nada de eso ha sucedido. Casi todo lo que tenía que concurrir en el tiempo y el espacio para que el “García del Cid” cumpliera con el cometido para el que había sido creado hace ya treinta y cinco años, o casi todo, se cumplió: barco, listo; tripulación, lista; equipamiento, listo; preguntas –el primer pálpito de la Ciencia-, listas; buena disposición de los equipos científicos y técnicos, lista… Sólo faltaba una cosa… pero era una cosa sin la cual difícilmente se puede investigar: la voluntad de quien tiene los medios –la Administración, el Gobierno-. El Gobierno actual ha decidido –ni siquiera puede decir que se lo han ordenado desde la Troika: esto es cosecha propia- que la lucha contra los efectos de la crisis pasa, entre otras cuestiones, por abandonar a la Ciencia a su suerte, tirando a la basura la inversión que durante muchos años ha permitido que España tuviera una producción científica de gran valor añadido. Actualmente, muchos de los científicos españoles que participan en proyectos multinacionales están incumpliendo sus compromisos porque no tienen acceso a una financiación que había sido aprobada; multitud de científicos y técnicos contratados por proyectos se quedan en paro porque dichos proyectos se quedan sin fondos; y varias instalaciones han sido cerradas o, como es el caso del GdC, languidecen esperando ser útiles.
Acabamos de enterarnos que varios de los proyectos liderados desde el Institut de Ciencies del Mar/CMIMA, que solicitaban financiación al Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación –mucho ruido para tan pocas nueces-, y que podían proporcionar una importante y muy necesaria carga de trabajo al GdC, han sido desestimados. Estupendo. Seguro que alguno de estos proyectos hubiera podido salir adelante con lo que cuesta la prima de cuatro o cinco jugadores de “la roja” por ganar el mundial. Pero,¿cómo vamos a comparar los réditos de dicha epopeya con, pongamos por caso, el conocimiento profundo sobre la biología de varias especies comerciales de fauna marina, de las que depende el sustento de muchísimas familias? ¡Dónde va a parar! ¿Demagogia? No es la intención: los fondos con que se premia a los héroes futbolísticos provienen, al parecer, de los propios beneficios generados por el negocio, pero ¿alguien se puede creer que éste subsistiría si no fuera por las continuas ayudas públicas, y no sólo en forma de laxitud en la presión fiscal y en las deudas a la Seguridad Social? En última instancia los más de setecientos mil euros que recibirá cada integrante de “La Roja” es dinero de los ciudadanos.
¿La Roja? Roja de ira, roja de vergüenza, mi cara y la de muchos de nosotros. ¿Y la de ustedes?

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